Cultos solares en la actualidad
Última modificación el Sábado, 29 mayo 2010 09:43 Autor: Astrologia y Horoscopos Miércoles, 26 mayo 2010 09:41
Cultos solares en la actualidad
La importancia del Sol en gran parte de las culturas es indiscutible: el sánscrito Dyaus, el griego Zeus, el latín Jovis, el hindú Igni, el altoalemán Zio, el Ugnis lituano o el Ogny eslavo, el quechua Inti o el egipcio Ra son denominaciones de una misma "divinidad" que nos sigue dando vida.
Probablemente, los cultos al Sol son tan antiguos como el ser humano y caracterizan toda creencia relacionada con la naturaleza. El astro que calienta la biosfera y posibilita la vida es una de las primeras percepciones que el hombre tiene de la influencia del universo en su vida cotidiana. La imagen de poderío que representa el Sol, a menudo le ha convertido en centro de los mitos primigenios de muchas culturas.
Origen romano del calendario solar
El calendario romano era fundamentalmente solar, como el judío lo es lunar, y ello ha marcado las costumbres festivas de los pueblos de Europa que recibieron la influencia de la civilización de la antigua Roma (de todos modos, A. Kuhn defendió el origen solar de toda la mitología europea), pero también las de los países que fueron colonizados posteriormente por los europeos, lo cual da a este legado dimensiones aún mayores. El cristianismo ha dado una apariencia litúrgica a muchos de los cultos paganos: así como el sustrato de la celebración de la Pascua es una festividad hebrea -regida por la Luna-, la Navidad coincide en fechas con la festividad romana del Sol Naciente, en la que se celebraba el solsticio de invierno, momento en que el Sol se sitúa a su altura mínima y período, además, en que calienta menos. Como en el caso de la fiesta "contraria", la del solsticio de verano (San Juan), se trata de acontecimientos de gran trascendencia ritual en cualquier cultura, especialmente en las de origen ganadero y agrícola.
El calor como fuente de vida es un lugar común en cualquier momento de la historia del ser humano, y no sólo el que produce el Sol, sino también el del fuego. La primitiva hoguera y la posterior chimenea siempre han sido vínculos de sociabilización y núcleo de actividad familiar y, en ocasiones, ritual. Los romanos relacionaban el fuego del hogar con los antepasados y la pervivencia de las familias. Las cenizas de la chimenea eran esparcidas por los cultivos para protegerlos de las fuerzas de la naturaleza, ya que se creía que estos restos de la combustión tenían propiedades mágicas. El fuego es un representante del Sol, tan necesario como la lluvia para el crecimiento de los cultivos y, por tanto, un símbolo de fecundidad, aspecto éste que, como sabemos, es muy importante en todas las religiones antiguas. También se puede interpretar el fuego como símbolo de purificación. En la noche de San Juan las grandes hogueras sirven tanto para quemar las malas hierbas como para alejar a los espíritus malignos que pueblan la noche más corta del año, fecha en que se celebra esta festividad.
La Navidad representa el momento en que el año empieza, ya que el Sol renace. También el ganado se reproducía en esta época y la vida, en general, iniciaba un nuevo ciclo. El cristianismo añadió el componente simbólico del nacimiento del Mesías. Pero el sentimiento de inicio está también inherente en la conciencia individual y colectiva: todos formulamos deseos para el nuevo año al comer las uvas y todos hacemos promesas (dejar de fumar, hacer un viaje, perder peso, ganar más dinero, encontrar un amor, etc.) justo en ese instante. El nacimiento del Sol siempre ha sido el momento escogido para todos estos deseos y esperanzas.
Si nos fijamos en muchas de las fiestas del calendario litúrgico, vemos que entre Navidad (inicio de las Saturnalia romanas) y el dos de febrero, fiesta de la Purificación de la Virgen, que coincide con la fiesta de Imbolc celta y las Lupercalia romanas, hay cuarenta días. Las cuarenta jornadas de la Cuaresma llevaban a la Pascua. De ésta a la fecha del primero de mayo (aproximadamente, fiesta cristiana de la Ascensión, y día de la celebración celta de Beltaine e incluso del homenaje marxista a los trabajadores) también hay cuarenta días. Un período de tiempo similar lleva a San Juan (solsticio de verano, como hemos visto) y, de nuevo, cuarenta días más tarde, llega el día de la Asunción de la Virgen, fecha en que los celtas celebraban el culto a Lugnasad, dios de los oficios. Si se nos apura, este período también tiene una significación especial en la sociedad moderna, pues coincide con las casi sagradas vacaciones de verano. Cuarenta días más y llega la festividad de Todos los Santos (el antiguo Samhain céltico), la gran fiesta de los muertos e inicio del año agrícola. Las razones de esta repetición (40) están probablemente en un intento de combinar los calendadarios solar y lunar.
Pervivencia del culto al Sol
Cualquier baile que se haga con los brazos hacia arriba suele tener un origen solar. La danza del sol de los sioux, arapahoes y cheyenes fue prohibida en 1904, pero la han seguido practicando camuflada en los festejos del 4 de julio.
Globalmente considerada, la sociedad actual está perdiendo (por lo menos en el mundo industrializado) a marchas forzadas el elemento rural, que en principio era el reducto donde las creencias paganas, y el culto solar es una de ellas, mantenían su vigencia. Sin embargo, también en la ciudad, tal vez más camufladas, perviven estas costumbres. El Sol sigue teniendo su importancia: observemos los cambios de humor que provoca un domingo lluvioso. Se supone que tras seis días trabajando, la fiesta dominical, hoy día más sagrada por lo que significa de descanso y asueto que de celebración religiosa, tiene que estar presidida por un sol refulgente. Si no es así, la decepción hace su aparición. Hemos hablado antes de la noche de San Juan. En ella cambian las costumbres externas pero no el espíritu, ya que la noche del 23 de junio, aun vivida en modernas discotecas y consumiendo sofisticadas drogas de diseño, sigue teniendo el mismo objetivo que antaño: facilitar el intercambio sexual entre los jóvenes, lo cual asegura de algún modo la fecundidad y la continuidad del grupo.
El Sol se ha convertido en un paraíso natural para los turistas procedentes de países desarrollados pero con un clima desagradable. El Sol de España, México o el Caribe se convierte para ellos en una meta casi mítica a la que acudir en el sacro período de vacaciones.
Como se ve, las celebraciones de los solsticios (Navidad, San Juan) y las de los equinoccios (primavera, otoño) se relacionan con fiestas familiares y comunitarias, lo cual hace ver su origen precristiano y también común a muchas culturas. Ello las ha hecho pervivir aun habiendo sido camufladas por las religiones posteriores y han llegado hasta nuestros días si no como culto, sí como tradición respetada. Las celabraciones adquieren hoy otras formas, pero parten de un culto común, en el que el Sol tenía una significación especial.
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