Prever y Evitar los Terremotos
Última modificación el Miércoles, 24 noviembre 2010 12:08 Autor: Jordi Martes, 23 noviembre 2010 11:45
Algún Día Será Posible Prever y Evitar los Terremotos
De vez en cuando tiembla la Tierra. En la escala del planeta es un fenómeno nimio, una sacudida breve y diminuta. A escala humana, por el contrario, es enorme, el único fenómeno natural que puede matar a cientos de personas y causar daños gravísimos en menos de cinco minutos.

Prever y Evitar los Terremotos
Es lo que llamamos un terremoto.
El 24 de enero de 1556 hubo un movimiento sísmico en la provincia de Shense, en China, y se dice que murieron 830,000 personas; hasta ahora es la cifra más alta en esta clase de catástrofes. Otro terremoto, el del 30 de diciembre de 1703, causó 200,000 victimas en Tokio, y el 11 de octubre de 1757 murieron 300,000 en Calcuta.
El 1 de diciembre de 1755 quedó asolada la ciudad de Lisboa a raíz de otro movimiento sísmico y del tsunami (o maremoto) subsiguiente, murieron 60,000 personas.
El destino de los terremotos es que, con el tiempo, se hagan cada vez más mortíferos, por la sencilla razón de que cada vez hay más gente en la Tierra y de que las obras de los seres humanos son cada vez más numerosas, complejas y costosas.
Pensemos, por ejemplo, en el terremoto de 1906 que destruyó la ciudad de San Francisco, mató a 700 personas, dejó a 250,000 sin hogar y causó daños materiales por valor de 500 millones de dólares. Si hoy hubiese un terremoto similar, es probable que muriera más gente, que muchas más quedaran sin hogar y que los daños materiales fuesen infinitamente mayores.
¿Qué se puede hacer? ¿Es posible predecir los terremotos para que al menos la gente pueda alejarse a tiempo?
Puede que sí. Hay ciertos fenómenos preliminares que, al parecer, presagian un movimiento sísmico: elevaciones del suelo o ligeras separaciones de las rocas, que, a su vez, ocasionan cambios en el nivel del agua de los pozos o en las propiedades eléctricas y magnéticas del suelo.
Las personas somos insensibles a algunos de los temblores preliminares, pero los animales, que viven cerca de la naturaleza sí los detectan y muestran signos de inquietud. Los caballos se encabritan y se desbocan, los perros aúllan y los peces empiezan a brincar; los animales que, como las serpientes y las ratas, permanecen por lo común escondidos en agujeros, salen de pronto al aire libre; y los chimpancés de los zoológicos muestran desasosiego y pasan más tiempo en el suelo.
En la China, donde los terremotos son más comunes y dañinos que en los Estados Unidos, se ha pedido a la población que esté pendiente de conductas poco usuales de los animales, de ruidos extraños en la Tierra, de cambios en el nivel de los pozos e incluso de un descascaramiento anormal de la pintura, debiendo dar parte inmediatamente.
Los chinos dicen haber predicho algunos terremotos y afirman haber salvado muchas vidas en el seísmo registrado el 4 de febrero de 1975 en la región nororiental del país. Pero otro, ocurrido en 27 de julio de 1976, no pudo ser detectado con antelación y arrasó toda una ciudad.
Ahora bien, evacuar una ciudad es todo un problema y ocasiona casi tantos trastornos como los que produce el terremoto. Además, aún en el caso de que la población evacúe la zona, no tiene más remedio que abandonar sus propiedades.
¿Es posible impedir, no ya prever, los terremotos?
Quizá. La corteza terrestre se compone de varias placas enormes que rozan y se restriegan entre sí al moverse. Las junturas donde se unen las placas (fallas) son desiguales e irregulares, de manera que la fricción es descomunal. Las rocas que se hallan a ambos lados de estas fallas se deslizan unas contra otras, luego se encasquillan, haciendo que la presión se acumule, hasta que finalmente, cuando la tensión es suficientemente alta, acaba por ceder la falla: entonces se produce un movimiento brusco, seguido de un nuevo atoramiento.
Cada uno de estos movimientos produce un terremoto, que será de mayor magnitud cuando más brusca y extensa sea la dislocación. Como es lógico, si el grado de atoramiento es pequeño y los desplazamientos son frecuentes, habrá muchos terremotos pequeños, incapaces de causar ningún daño. Por el contrario, si el atoramiento y la fricción son enormes y la tensión se acumula durante años o incluso decenios, acabará produciéndose un gran deslizamiento, un gigantesco terremoto que destruya todo lo que encuentre en kilómetros a la redonda.
¿Es posible reducir la fricción entre las placas y facilitar el deslizamiento?
Imaginemos que abriéramos pozos muy profundos a lo largo de una falla y que inyectáramos agua. El líquido se abriría paso entre las masas rocosas, lubricaría, en cierto modo, su superficie y favorecería un deslizamiento gradual que daría lugar a un rosario de terremotos pequeños e inocuos. Los temidos terremotos asesinos no volverían jamás.
Si se consigue hacer viable este proyecto, u otro semejante, la Humanidad podría empezar a lubricar la Tierra sin tener que vivir ya nunca más bajo el miedo de los terremotos.
Publicado originalmente en Muy Interesante por Isaac Asimov.
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