Epistemología

Última modificación el Sábado, 4 abril 2009 10:12 Autor: Jordi Viernes, 23 enero 2009 10:08

Epistemología
La ciencia es una cosa seria, pero no tiene porqué ser solemne. Así parecen demostrarlo no pocos científicos que hicieron de la sátira al su propio saber una deliciosa profesión. ¿Motivos? A veces como recurso didáctico para captar la atención del alumno aburrido, pero casi siempre como una mordaz crítica a ciertas actitudes ‘científicas’ que toman la ciencia como un saber perfecto, o como un semillero de hipótesis inverosímiles que nunca terminan verificándose, o bien como una inagotable anecdotario donde se pierde lo esencial de esta forma de conocimiento: llegar a la verdad de las cosas.

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El humorista Giovanni Mosca, a través de una supuesta carta a su hijo, muestra el notable contraste entre cómo era presentada la ciencia en su época y cómo es estudiada hoy en día. “¿Y qué es, hijo mío, -dice- este libro de física sin Arquímides saliendo desnudo a la calle gritando ¡Eureka! ¡Eureka!; sin la viñeta de Franklin que, seguido por graves caballeros corre bajo la tormenta llevando el hilo de un magnífico cometa! Así estudiábamos la física, con la manzana de Newton, el diablillo de Descartes, el péndulo de Galileo, el cometa de Franklin, la rana de Galvani y el tonel de Pascal” (1). Mosca satiriza así ese mundo encantado que en su tiempo le mostraban como ‘la Ciencia’, un mundo pletórico de floridas anécdotas y desopilantes fábulas que, al fin y al cabo, terminaban haciendo del alumno un especialista en bañaderas que nada sabía del principio de la hidrostática.

En un futuro próximo quizás nosotros también contemos a nuestros hijos lo mismo que hacían nuestros abuelos, aunque en otros términos: “¿Y qué es, hijo mío, esta revista de divulgación científica sin la caricatura de Einstein volando azorado en un ascensor por el espacio sideral, o montando a caballo sobre la tierra disfrazado de Newton y jugando con los haces de luz de sendas linternas en sus manos, o sin el reloj doblado al estilo Dalí?”

La epístola de Mosca termina con una irónica y elocuente recriminación: “Hijo mío, eres mucho más adulto que yo. ¿Cuántas veces, en lugar de libros de piratas, te sorprendí leyendo revistas técnicas?”. El mismo Mosca justifica la vieja forma de presentar la ciencia como una sucesión de imágenes generadoras de admiración y estupor, diciendo que por entonces los progresos tecnológicos eran tan frecuentes e increíbles que nadie tenía tiempo de detenerse a comprender los principios científicos que los ponían en funcionamiento: “Esta es mi ciencia, hijo mío, escrita en un siglo donde los hombres, pasando de asombro en asombro, vieron por vez primera la máquina de vapor, el telégrafo, el teléfono, la lamparita eléctrica, el motor a explosión; en que mi padre vio por vez primera el aeroplano, y yo mismo presencié el milagro de la radiotelefonía. Tú en cambio, hijo mío, te sonríes de mi viejo libro de ciencia y ya te resulta claro y familiar el principio de la bomba atómica, mientras yo aún hay días en que creo que dentro del aparato de radio hay un hombre escondido”.




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1 Comentario

  1. Luis   |  Miércoles, 01 julio 2009 a 7:09 pm

    Muy Bueno. Muchas Gracias

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