EL ROL DEL PROFESOR

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EL ROL DEL PROFESOR

EL ROL DEL PROFESOR

La escuela como institución y el profesor como agente socializador enfrentan el reto de abrir las puertas del siglo XXI introduciendo cambios en su organización, en su quehacer y lograr que estos no se operen sólo en el discurso sino en el accionar cotidiano del profesor.

Asistimos a un período de cambio a nivel mundial, en el que para muchos el futuro se presenta incierto: cambian las demandas de la sociedad y de los individuos, la situación internacional es otra, aparecen nuevas reglas de juego y se modifican los roles de las instituciones, los agentes y surgen nuevos actores sociales. Los sistemas educativos no se mantiene inertes, se han iniciados procesos de reformas y transformaciones, derivadas de la concientización del agotamiento de un modelo tradicional que no ha conciliado el crecimiento cuantitativo con niveles satisfactorios de calidad y equidad, ni de satisfacción de las nuevas demandas sociales. El funcionamiento óptimo de los sistemas educacionales se convierte en una prioridad de los países para garantizar la preparación de ciudadanos para sobrevivir en sociedades complejas.

En este marco, la escuela emerge como una institución abierta a las demandas de su contexto y con grados crecientes de autonomía, manifestación de uno de los cambios más significativos que se sucedieron en los sistemas educativos.

En respuesta a estas transformaciones la reconceptualización del rol del profesor es una exigencia de los procesos de descentralización, de la autonomía en la gestión de las escuelas y de los cambios que están ocurriendo en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Así en la recomendación del Comité de Ministros de Educación de América Latina relativa a la ejecución del Proyecto Principal de Educación considera que la profesionalización de la actividad educativa es el concepto central y debe caracterizar las actividades de esta nueva etapa del desarrollo educativo.
Desde el discurso, todos coinciden en considerar que al rol del maestro le son propia la creatividad y la innovación pero, estas características no devienen en el desempeño del quehacer profesional del maestro por arte de magia ya que, al encapsularlo en ámbitos escolares formales y burocráticos el resultado es todo lo opuesto, la actividad se hace monótona, estereotipada y se limita el despliegue de sus potencialidades.

En su cotidiano de vida el profesor debe adoptar diferentes decisiones que transitan desde estimular "el aprendizaje de un currículo que no ha sido diseñado para heterogeneidad" (Avalos B.1994), complementar procederes para mantener la disciplina en el salón de clase y buscar soluciones ante la carencia de recursos materiales.
Las estrategias de soluciones que empleaba el maestro al inicio de su carrera profesional donde ponía de manifiesto imaginación, al correr el tiempo se puede tornar rutinaria frente a los sucesivos obstáculos del contexto escolar. De manera tal, que el asunto no se reduce a la creatividad del maestro sino también a la autonomía profesional la cual se ve afectada por factores tales como:
– el prestigio social que tiene la profesión,
– la propia formación profesional y la  superación,
– los límites que impone el contexto escolar al ejercicio profesional.

En las conceptualizaciones del rol profesional se observan diferentes posiciones que transitan desde definirlo por las acciones observables del maestro en la consecución de los fines esperables de los procesos de enseñanza que se refiere a las "competencias" del maestro para lograr un aprendizaje efectivo en los alumnos hasta otra en que el acento se pone en la profesionalización del rol

Evidentemente, prevalece la tendencia en los profesores de asumir un rol directo, "los profesores emplean buena parte del tiempo de clases hablándole a los alumnos, hablando con ellos y supervisándolos cuando trabajan individualmente en sus puestos…estas son formas de "recitación-trabajo" (Dunkin y Bidalle,1974, citado por Avalos B. 1994). Los profesores también controlan sus clases toman las mayorías de las decisiones y organizan las actividades.

La posición de poder que ocupa el maestro en el salón de clase, le genera seguridad, al desempeñar el rol como poseedor de todo el saber, ignorando que los estudiantes también tienen saberes individuales y que la conjugación de todos facilita la "construcción del conocimiento".
Sin embargo, las estructuras organizativas en las escuelas tienden a ser semejantes, reduciendo la actividad del profesor a un administrador de la clase, así como el conductor de actividades restringiéndose las interacciones entre profesores y alumnos. Aun cuando los profesores declaran que, los objetivos de enseñanza que se proponen, incluyen elevados niveles de ejercicio intelectual, en la práctica, lo que se demanda de los alumnos son respuestas memorísticas, siendo éstas el contenido básico de la interrelación que no transciende la posición del técnico "ejecutor de acciones diestras de acuerdo a prescripciones o algoritmos definidos por otros"(Clark y Peterson,1986)

En la intención de trascender estas conductas, es preciso re-conceptualizar el rol del maestro en el sentido de ser un sujeto con posibilidad de poner en juego la información que tiene sobre sus alumnos de manera individual y grupal a partir de un diagnóstico que promueva el crecimiento personal de estos; poder incorporar al quehacer profesional el caudal de trabajo teórico y empírico alcanzado en la investigación educativa; lo que implicaría la toma de decisiones, elaborar propuestas y reflexionar acerca de lo que acontece en el salón de clase.

En  investigaciones realizadas se contriñe el problema a la experiencia de los profesores, lo que se traduce en distintas orientaciones para enfrentar los incidentes críticos de común concurrencia en la sala de clases.
Calderhead presenta el incidente crítico en forma oral a la profesora:
“La clase trabaja tranquila y de repente un grupo de niños empieza a conversar entre ello. Le pregunta entonces a la profesora" que más necesita saber antes de decidirse a intervenir y qué haría en ese caso. Encontró que los profesores novatos o parecían carecer de estructuras conceptuales que les permitieran dar sentido a los sucesos de la clase o tenían formas simples no diferenciadas de estructuras conceptuales .Estos profesores no mostraban el mismo tipo o nivel de comprensión de la descripción del incidente crítico que lograban los profesores con experiencia (Avalos B,1994). A nuestro modo de ver el problema está mediado por la experiencia, pero no solo por ella, sino que en estas posiciones se manifiesta además, la conceptualización el rol del maestro, como lo prescripto socialmente es vivido como personal.

En consecuencia, si el rol del maestro está dibujado como una persona autoritaria,  no crea el espacio para el intercambio entre los alumnos o lo que es lo mismo impide los vínculos horizontales y solo a través de él, como centro del proceso de enseñanza, se producirán los contactos en el salón de clase. La interpretación y comprensión de eventos que no estén incluidos en este esquema serán evaluados como violación de lo establecido, de la norma y pudiera generar angustia  cuando desde su historia profesional no tiene los registros necesarios para asumir la actitud que la situación demanda y existe el temor de perder autoridad si es demasiado  tolerante;  o a ser catalogado de tiránico si impone un castigo excesivo con relación al hecho en cuestión

Sin embargo, estas mismas ansiedades son experimentadas también por un maestro con experiencia sólo que este acude a sus registros anteriores, pero, siempre en comparación con lo que idealmente se ha diseñado como la disciplina y el orden que deben caracterizar un aula, ideal, dónde al parecer se concibe como un salón en que sólo está el maestro y el mobiliario escolar olvidando que lo que realmente le da vida a esa instalación son los alumnos, niños o adolescentes que piensan, ríen, hablan.., viven; qué triste esa escuela en que sólo se escucha la voz monótona del maestro, trasmitiendo información y los objetos-alumnos reservorio de esos mensajes!.
Y no es que aboguemos por el caos, la indisciplina, el desorden. Entendemos que como en toda relación humana debe establecerse límites que clarifiquen que es lo que se puede o qué es lo prohibido; espacio en el que cada uno crezca y tenga la oportunidad de reafirmar su identidad y estén en mejores condiciones de aprender a ser sujetos activos del proceso, que participen en la construcción del conocimiento junto a su maestro y al resto del grupo lo que lleva implícito el intercambio de ideas y opiniones en el aula.
Si en el rol del maestro, el aprendizaje es visto así, la conversación en el aula no necesariamente es interpretada como indisciplina y él no sentirá que pierde autoridad si facilita el intercambio, sino que lo comprenderá como un momento necesario del trabajo conjunto y  ese maestro como agente reflexivo será capaz de imaginar soluciones y de decidir en forma práctica lo que conviene en una u otra situación.

Los maestros que convocan sus alumnos a la construcción del conocimiento tienen mayores probabilidades de establecer relaciones basadas en una red de conversaciones "ruido productivo" que se genera en la sala de clases.  El aula es un espacio de interacción social donde se generan conversaciones entre maestros y alumnos y entre los propios estudiantes.
La enseñanza entre pares es significativa aunque, poco empleada como procedimiento pedagógico. Refuerza los vínculos interpersonales, propicia una relación más flexible y dinámica entre los alumnos y con el profesor. Además estimula a este a la búsqueda de nuevos estilos de comunicación con los alumnos.





En tiempos de cambio la figura del profesor alcanza mayor relieve que en otras épocas. Se le reconoce como artífice y protagonista en la introducción de transformaciones en la educación. En consecuencia con ello, se le otorga más importancia a su capacidad creativa y de enfrentarse a situaciones inesperadas con soluciones de efectividad para el proceso. Sin embargo, sería utópico pensar en el profesor al margen del contexto social y escolar en que está inmerso ya que este último facilitará u obstaculizará los movimientos del profesional de la educación.

El deseo de perfeccionar el proceso podría conducirnos una vez más a propuesta sobre el "deber ser" de los maestros. Esta reflexiones críticas no pueden oscurecer ni descalificar la inmensa población que integra esta comunidad de profesionales de la educación que se destacan por su quehacer casi anónimo formando generaciones tras generaciones a los hombres que se incorporan a la producción, los servicios, la ciencia y técnica en la sociedad. No obstante, siguen existiendo profesores que no responden a las demandas sociales y oscurecen la imagen profesional.
La escuela tiene una imagen difusa como institución que alcanza resultados efectivos. Expresión de ello son los niveles de aprendizajes alcanzados por los estudiantes y las dificultades para adquirir las habilidades necesarias para insertarse en un mundo cada vez mas cambiante.

Mas redimensionar el rol del profesor supone comprender el ámbito escolar y las exigencias que se derivan de su ejercicio profesional.
En investigaciones realizadas hemos observado que empleando diferentes técnicas abiertas, cerradas, individuales y grupales los resultados arrojan que el desinterés y aburrimiento en los alumnos es un problema de la práctica cotidiana en las aulas. En una sesión grupal con adolescentes al solicitarles que cada uno de ellos imaginaran  ser la ventana de una escuela a la que se asomaría un visitante deseoso de conocer la “Escuela de hoy” mostraban imagen tales:
"niños conversando bajito de cualquier tema"
"niños escondiendo los libros a otros"
"niños dormidos"
"niños mirando por la ventana"
"niños mirando el reloj"
"niños leyendo una revista"
"niños con las cabezas bajas"

El común denominador de estas expresiones es la falta de motivación por aprender. Los estudiantes no se sienten invitados a participar  en la aventura de aprender para vivir mejor. "El aburrimiento en la escuela es la preparación para el aburrimiento en el trabajo". (Pallarés, 1989).

Todo ello puede ser consecuencia de un aprendizaje al margen de la vida, de la pasividad en el modo de aprender y por no encontrar las vías de inculcar los valores morales que demandan la sociedad actual. Esta impresión de fracaso de la escuela pudiera explicarse porque el criterio de éxito escolar no siempre se corresponde con el éxito profesional, ni con la realización personal de los estudiantes, ni si quiera es la totalidad de los estudiantes los que alcanzan éxitos académicos.

Investigaciones acerca de la práctica pedagógica en las escuelas de América Latina (Schiefelbein, 1992) destacan los siguientes rasgos:
– "La mayoría de los maestros jamás han visto los procesos que ocurren en un aula organizada de manera flexible. Un buen número de profesores puede citar el uso activo del pensamiento a partir de la visión de distintos pioneros en la educación (Aristóteles, Pestalozzi, Herbart, Dewey, Freinet, Makarenko, Montesori y otros) pero muy pocos han observado una escuela que haya operado con algo cercano a esos enfoques creativos.
– Existe un grupo de maestros que puede generar experiencia de aprendizaje extraordinarias con materiales muy simples. Hay otros que carecen de la creatividad, persistencia y experiencia del primer grupo y constituyen cerca del cuarenta por ciento del total de docentes.

- Son pocas las clases que motivan realmente a los alumnos a aprender… y el que no tengan oportunidad de tomar decisiones aprender reduce el interés y, además el tiempo que se dedica a aprender.

- No existen suficientes mecanismos para evaluar si el conocimiento adquirido por los alumnos es realmente útil en la vida diaria, ni si preparan a los alumnos para ser mas selectivos en relación a lo que ellos desean aprender.
– Investigaciones basadas en la observación de clases sugiere que los alumnos tienen pocas oportunidades para desarrollar el pensamiento autónomo". (Vaccaro, L. 1994).

Estas reflexiones promueven interrogantes ¿es la escuela la que genera fracaso? ¿son los estudiantes? o ¿los profesores? o ¿la familia?.

El abordaje del tema reclama aproximaciones sucesivas. Por el momento focalizamos la atención en el quehacer de los profesores.

El destacado pedagogo J. Dewey (1933) compara la enseñanza con la venta de mercancía. Nadie puede vender si no hay alguien que compre. Nos burlaríamos de un comerciante que asegurara haber vendido una gran cantidad de bienes a pesar de que nadie hubiera comprado ninguno.

En su opinión quizás haya maestros que piensan haber desempeñado bien su trabajo, con independencia de que sus alumnos hayan aprendido o no.
Si bien, no nos parece válida la analogía, ella sugiere la necesidad de atraer la atención de los alumnos y convocarles a ser protagonistas de su formación, mediante acuerdos establecidos con ellos acerca de lo que realmente es significativo para sus aprendizajes en el contexto escolar.
¿Estará preparado el profesor para esto, podrá correrse del lugar del poder? ¿Asumir un espacio profesional diferente?
Diferentes autores (Serrano G y Olivas B, 1989) relacionan las características esperadas del profesor.

“autencidad, madurez emocional, buen carácter y sano sentido de la vida; comprensión de sí mismo, capacidad empática, inteligencia y rapidez mental, cultural y social; estabilidad emocional, confianza inteligente en los demás, inquietud cultural y amplios intereses; liderazgo, experiencia en las condiciones de vida en el aula, conocimientos de las condiciones y circunstancias económicas, sociales y laborales del momento y de la zona del centro”.

“Necesidad y compromiso deontológico respecto de la libertad del alumno y su intimidad”.
“Tener adecuadas expectativas sobre el grupo …. y sobre los alumnos individuales (Efecto Pigmalión)”
“Tener adecuada actitud hacia los alumnos”
Diversos estudios demuestran que la actitud de los profesores hacia los alumnos es:

  • De apego hacia los alumnos de buen rendimiento y buena conducta.
  • De indiferencia hacia los alumnos pasivos que no se destacan
  • De preocupación hacia los alumnos que rinden poco.

Además, “ha de tener hacia  los alumnos las siguientes características en sus interacciones:
– claridad
– entusiasmo
– conducta orientada a conseguir el máximo partido de sus alumnos”.

“Además de tener un conocimiento individual de sus alumnos para poder ayudarlos en caso de necesidad”
Este listado de características evidencia la sobrexigencia del rol del maestro y lo inalcanzable que resulta para maestro (a) en el quehacer profesional.
Los roles asignados socialmente refuerzan vínculos de dependencia individual al asumirlo como personal e incorporarlo a su proyecto de vida puede generar angustia en el maestro, o vivencias de prestación profesional que se manifiestan etapas de rebeldía que se pudieran alternar con otras de sometimiento y sería posible que se manifestara en una crisis de autoridad al tener que acceder a las demandad sociales.

En una entrevista a una maestra de 7mo grado refería: “Cuando leo o escucho lo que se espera del maestro me asusto. Esto lo hemos comentado mis compañeras y yo; nos parece que es tal el cúmulo de cosas que nos pide que creo escapan de nuestra capacidad y preparación para resolver o diagnosticar y dar tratamiento a los alumnos. No podemos ser padres de 30 0 40 muchachos aunque que sí ayudarlos hasta donde lo permitan ellos y sus padres”.

Otros se inquietan, se proponen cambios y en la búsqueda de alternativas escogen la vía del perfeccionamiento Técnico. No obstante, el deseo de perfeccionamiento puede también conducir a formular uno utopía, como tantas que se han propuesto sobre el “deber ser” de los maestros. A pesar de los intentos de nuevos esquemas de formación, siguen generándose profesores que no satisfacen las expectativas sociales.
En realidad, no se puede descalificar a los niveles de formadores que, en una gran mayoría, se destacan por su dedicación, esfuerzo y por su contribución a la preparación de las nuevas generaciones para la vida, transformando su conocimiento de la ciencia en conocimiento susceptible de ser enseñado y aprendido por los alumnos.

La redefinición del rol es un proceso complejo, sujeto a cambios que implica la ruptura de vínculos, esquemas, estereotipos y creencias propias de una cultura escolar que afortunadamente está a la zaga y paralelamente emerge una nueva cultura escolar, la cual supone una democratización mayor de las relaciones interpersonales en la Escuela, incremento del protagonismo del alumno en la construcción del conocimiento, una apertura a la diversidad, desarrollan la conciencia y la tolerancia que no significa la ausencia de conflicto sino la ocurrencia de otros y diferentes maneras de enfrentarlos.

Las nuevas demandas sociales están planteadas. Las prácticas cotidianas responderán a ellas de manera paulatina, sin apuros pero dando pasos seguros, firmes y estables.
Las ciencias con un enfoque multidisciplinar de la educación tributarán sus resultados. Los maestros aportan su experiencia y los noveles el entusiasmo, los deseos de superación y su capacidad para incorporar los nuevos. Todos asumirán el desafío que impone el nuevo siglo a la formación de hombres y mujeres más cultos, mejores preparados, más tolerantes con los otros y más fáciles.

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