Guia de Roma

Última modificación el Domingo, 13 mayo 2007 12:36 Autor: Alejandra Domingo, 6 mayo 2007 12:29

LA EDUCACIÓN EN ROMA
Características de la cultura y la educación romanas

1. En lo humano, la valoración de la acción, de la voluntad sobre la reflexión y la contemplación.
2. En lo político, la acentuación del poder, del afán de dominio, de imperio.
3. En lo social, la afirmación de lo individual y de la vida familiar, frente o junto al Estado.
4. En la cultura, la falta de una filosofía, de una investigación desinteresada, pero en cambio, la creación de las normas jurídicas, del derecho.
5. En la educación la acentuación del poder volitivo del hábito y el ejercicio, con una actitud realista, frente a la intelectual y realista griega.
6. La necesidad del estudio individual del alumno.
7. La consideración de la vida familiar y sobretodo del padre en el ejercicio de la educación.
8. En época más avanzada, la creación del primer sistema de educación estatal, extendiéndola fuera de Roma, a todos los confines del Imperio.

La educación romana se puede dividir en tres grandes períodos:

1. La educación de la época heroica- patricia, desde el siglo VI hasta el III a.C.
2. La educación de la época de la influencia helénica, desde el siglo III al I a.C.
3. La educación de la época imperial, desde el siglo I a.C. al V d.C

1. La educación de la época heroica- patricia, desde el siglo VI hasta el III a.C.

Prescindiendo de la época monárquica, de cuya educación no hay noticias, la educación de la primera época de la República tenía, como ésta, un carácter aristocrático; se dirigía a los nobles, que eran a la vez guerreros y terratenientes: los patricios que poseían todos los derechos civiles y políticos.
En esta época la familia tenía una importancia fundamental. El padre, pater familias, ejercía la máxima autoridad, aunque la madre también tenía un lugar relevante (más que en Grecia), atendía a sus hijos en la primera infancia.
Desde los siete años el padre se ocupaba de la educación del niño, quien se iniciaba en los aspectos de la vida civil acompañando a su padre a los tribunales, a las sesiones del senado y a festines. Las niñas se quedaban en la casa al cuidado de la madre aprendiendo los quehaceres domésticos.
A los 16 ó 17 años entraba en el ejército y en la vida pública, pero antes había dedicado un año al aprendizaje de ésta, el tirocinium fori . De ello se encargaba, generalmente, un hombre político experimentado, viejo amigo de la familia, con quien solía seguir después algunos años.
En general, en la educación romana de esta época predominaba un espíritu de sobriedad, de austeridad, de laboriosidad y de disciplina que caracterizaba a la sociedad de la época. En cuanto a los contenidos, se enseñaba educación física, con carácter premilitar más que deportivo, y una educación jurídico-moral, basada en la Ley de las Doce Tablas. Al mismo tiempo, aprendía lo que necesitaba un terrateniente, como la agricultura y el cálculo. Era una educación para la vida y sin escuelas, aunque con maestros privados.
En síntesis, en esta época:
El romano se educaba en la familia. Más que el aspecto informativo tiene importancia el formativo. El niño romano se educaba en las costumbres de los mayores por medio del legado de los antepasados. La tradición tiene una importancia fundamental. El familiarizarse con las virtudes era el fin y el contenido de la formación. Estas virtudes eran:
- Pietas: Respeto y devoción a los padres y a la divinidad.
- Constantia: Fuerza de ánimo y valor.
- Gravitas: Austeridad y seriedad de vida; sentido del honor y la dignidad.
- Fides: Valor físico, consagración al Estado. Honradez en las relaciones con los demás.

El método empleado era activo: no había teorizaciones sino que todo se aprendía en contacto con la realidad, por imitación a los padres y antepasados.
El objetivo de la educación romana antigua era inculcar al niño un sistema severo de valores morales, un estilo de vida, para la salvaguarda y el bienestar del Estado.
Estos contenidos nunca fueron olvidados a lo largo de la historia y de la educación romana. Las virtudes y las maneras de ser características de la aristocracia campesina siguieron vigentes, a veces como una modalidad subconciente, otras como un ideal a realizar, o bien como uno añorado. Porque las cosas empezaron a cambiar.

2 . La educación de la época de la influencia helénica, desde el siglo III al I a.C.

Desde mediados del siglo III a.C. la educación romana sufre un cambio como consecuencia de las modificaciones de la sociedad y de la cultura. En ese tiempo se realiza la expansión romana por todo el Mediterráneo llegando a dominarlo por completo.

Por otra parte, la sociedad romana al enriquecerse, acentúa la división entre una minoría económicamente poderosa, que sucede a la antigua nobleza, y una masa proletaria, la plebe, que aunque empobrecida tenía cada vez más fuerza política.

Finalmente al ampliar su dominio por las conquistas entra en Roma la influencia griega, inmigrantes griegos acuden a Roma. La cultura helénica será asimilada por los romanos y cambiada a su modo. La influencia de esta cultura tuvo la virtud de despertar la cultura de Roma, dando nacimiento a su literatura y a su educación escolar.

La educación romana anterior de tipo familiar, patriarcal, sufre transformaciones. Los ciudadanos más ricos tuvieron maestros o preceptores privados, generalmente griegos inmigrados, que introducían a sus hijos en la lengua y la cultura helénicas. En esta época, se generalizan las escuelas privadas, en unas se enseñaba en griego, en otras predominaba el latín. En ambas había, los que más tarde, fueron tres grados clásicos de la enseñanza: el elemental, el medio y el superior.

En la escuela primaria, del ludis magíster o ludus literatus, el litterator enseñaba a leer, escribir y contar, con algunas canciones y una rigurosa disciplina con frecuentes castigos corporales.

El maestro, litterator (el que enseña las primeras letras), o bien primus magíster (primer maestro) o magíster ludi (maestro de escuela) era un personaje bastante despreciado, porque se dedicaba a los más pequeños en el aprendizaje más elemental, vivía de su salario y era mal remunerado.

El edificio de la escuela era un local abierto al que llegaban los niños y niñas (desde los siete hasta los trece años) acompañados de su pedagogo (paedagogus) o esclavo acompañante. Este esclavo podía ayudar al niño con sus lecciones e intervenir en su formación moral.

La jornada era doble y se extendía desde octubre hasta julio.

Fundamentalmente el programa consideraba la lectura y la escritura, por el método de memorizar primero el nombre de las letras, luego combinarlas para formar sílabas, y finalmente palabras. Quienes dominaban las letras recibían el nombre de abecedarii, syllabarii quienes conocían las sílabas y nominarii los que manejaban bien las palabras. Luego se trabajaba con frases breves máximas morales que, al tiempo que los ejercitaban en el reconocimiento y manejo de lo aprendido, les iban proporcionando una formación moral. Finalmente, accedían a textos de mayor extensión.

Para la escritura, enseñada simultáneamente, se usaba la tablilla de cera o de alfarería. A veces el maestro guiaba el trazo del alumno con su mano (método griego); otras veces las letras estaban grabadas como hendiduras en la tablilla, y el niño debía seguir el surco grabado en la cera (método propio de la escuela romana). Los ejercicios se repetían una y otra vez, corregidos por el maestro o bien por un alumno mayor y adelantado. Los textos leídos y reproducidos por la escritura eran también memorizados, para ejercitar la facultad e ir proporcionando al niño un acervo de conocimientos, una cultura.

En cuanto al cálculo, se trataba fundamentalmente de aprender el vocabulario numeral, complicado porque el sistema era duodecimal. Se trabajaba con los dedos y con piedritas (calculi), pero ya entrado el período del Imperio también se hacían operaciones elementales, como recuerda San Agustín: “Uno y uno, dos; dos y dos, cuatro, era para mí una odiosa canción”. Conocimientos más complejos estaban a cargo de un especialista, el maestro de cálculo, calculator, quien no habría trabajado con el maestro de la escuela sino en su propia escuela, configurando una enseñanza técnica.

No todos los niños que transitaban por la escuela elemental continuaban sus estudios; más bien, sólo los de la aristocracia, o los hijos de comerciantes pudientes, y también las niñas.

Inmediatamente aparecía la del grammaticus (12-16 años), donde se hizo sentir más la influencia griega. En ella se estudiaba la gramática latina y la griega sobre la base de los clásicos, y en menor medida la retórica, la oratoria y las matemáticas. Se cultivaba poco la música y la gimnasia. A los dieciséis años el joven viste la toga viril y se preocupa de la política y de las armas.
El maestro, grammaticus, supera en salario al maestro de la escuela elemental. El edificio donde enseñaba tenía características similares al de la escuela elemental, aunque a veces su clase estaba decorada con esculturas de grandes escritores (Virgilio, Horacio…), y también podía haber mapas en la pared. Los alumnos asistían a esta escuela a partir de los once o doce años, y hasta los quince aproximadamente.
El programa, comprendía el estudio teórico de la lengua y la explicación de los autores.
La explicación de los autores: al igual que en la escuela helenística, comenzaba por la lectura expresiva de un texto corregido de antemano por el maestro, lectura que suponía la comprensión del texto –no había signos de puntuación, ni separación de las palabras–, y que se denomina praelectio, lectura previa, lectura explicada. A continuación los jóvenes leían el mismo texto, en voz alta; luego debían memorizarlo y recitarlo, siempre tratando de ejercitar y nutrir la memoria.
Luego venía la explicación del texto, enarratio, referida a la forma (las palabras) y el contenido (la historia). El estudio de las palabras era largo y engorroso, e incluía el ritmo de los versos, las palabras difíciles o inusuales y los giros poéticos. La historia del texto abarcaba la referencia a lugares, personajes, mitología, etc., y configuraba a menudo una erudición que parecía ser lo más importante para el profesor, puesto que gracias a ella deslumbraba a sus oyentes. En esta erudición las disciplinas del quadrivium tenían poco, casi ningún lugar: la enseñanza del gramático se limitaba a la lengua, y los profesores de ciencias constituían una especialización que interesaba a pocos.
Como se cultivaba el valor jurídico-político, más tarde aparece el rhetor que enseñaba retórica . Se aprende retórica pero se le da el sentido romano, la política no tiene un fin de provecho personal, sino el sentido de dirigir a las masas hacia el fin de la República.

La consideración de este maestro era bien dispar, pues mientras algunos de ellos eran libertos o bien ex-funcionarios, otros como Quintiliano llegaron a merecer honores y fortuna, y mantuvieron vinculación con la corte imperial.

Los jóvenes romanos comenzaron a viajar a Grecia para completar su formación, ingresando en las escuelas de filósofos y de rhetores de Atenas o de Rodas, y a partir del 119 se hicieron admitir en el colegio efébico de Atenas. Sin embargo, la música, el canto y la danza –característicos de la cultura helénica– serán rechazados por los romanos ya que los consideraban impropio, y sólo podían servir a juerguistas o libertinos; quedaban relegados al espectáculo, o como parte de la cultura para el aprecio del mismo. También se opusieron al atletismo del modo como era estimado y practicado entre los griegos. Rechazaron el desnudo griego y el cultivo del cuerpo por sí mismo. La palestra romana, como lugar de deportes, pasó a ser una dependencia de las termas, un complemento de los baños de vapor, y el gimnasio romano era un jardín recreativo, un parque.

Los autores más representativos de esta época fueron Marco Tulio Cicerón (106-43), Lucio Ameno Séneca 84a.C.- 66 d.C?) .

Cicerón :

Reconoció todo el valor que tenían la cultura y la filosofía griegas para la cultura y educación romanas, cuya finalidad era la formación del político- orador, que no sólo debe conocer la retórica, sino también la filosofía. El ideal está comprendido dentro del Estado, pero un Estado no sólo nacional, sino también mundial.

Séneca:

Séneca encauza su interés hacia soluciones prácticas de la educación, en vez de una cultura amplia que formara al hombre culto, prefiere una profundización en los temas que elimine los excesivos conocimientos teóricos y vaya en busca de lo práctico para vivir y consiga, en consecuencia, la formación de una verdadera personalidad.

Séneca planteaba que la finalidad de la educación es el dominio de sí mismo, de las pasiones y apetitos personales. La educación tiene un carácter activo, como lo manifiestan sus frases : “no hay que aprender para la escuela, sino para la vida”, “los ejemplos conducen al fin mejor que los preceptos”, o “aprendemos mejor enseñando”.

Séneca realzó también la necesidad de conocer la individualidad del educando y exalta la importancia del educador, “ a quien debemos apreciar como uno de nuestros más queridos y próximos familiares”.

3. La educación de la época imperial, desde el siglo I a.C. al V d.C.

Con el Imperio cambia la estructura política, social y educativa de Roma. La educación romana en esta época se distingue de la anterior, más que por su contenido por su organización; deja de ser un asunto particular y privado para convertirse en una educación pública. Esta transformación comienza en el siglo I a.C. con la creación de escuelas municipales, de las que el Estado interviene con subvenciones y una cierta inspección, pero de la que después se convertirá en su legislador y director.

En este periodo, en parte por la practicidad característica del romano, y también por la progresiva decadencia del espíritu, de los valores y de la cultura en general, se acentúa el recurso a los libros –aparecen los manuales y las introducciones– en detrimento del pensamiento y el juicio propio: la cultura se vuelve libresca.

En los últimos años del Imperio la concurrencia a las escuelas se hizo tan numerosa que hubo que hacer divisiones dentro de las clases, atendiéndose en ellas a la capacidad de los alumnos, su ritmo de trabajo, sus progresos, los temperamentos y su atención y aplicación. Los maestros debieron ayudarse entonces para el trabajo, tomando un asistente o bien encargando tareas de repetición a los alumnos adelantados.

La política escolar del Estado romano comienza con César, quien concede el derecho de ciudadanía a los maestros de las artes liberales, y sigue con Vespasiano en el siglo I d.C. quien libera de impuestos a los profesores de enseñanza media y superior, manteniéndoles este beneficio los emperadores siguientes. Vespasiano es el primero que crea cátedras oficiales de retórica latina y griega con sueldos anuales. Marco Aurelio creó después cátedras de filosofía también retribuidas por el estado. Trajano creó becas para los estudiantes, en forma de “instituciones alimenticias”.
Al mismo tiempo, los emperadores incitaban a las municipalidades a la creación de escuelas públicas las que se extendieron no sólo a Roma, sino también a todo el Imperio. Estas escuelas tenían por fin preparar a los funcionarios de una formación superior , y subsistieron durante todo el Imperio.

La organización de la enseñanza en la época imperial siguió siendo parecida a la época anterior con sus tres grados del literato, el gramático y el retórico; pero con un nuevo sentido imperial, de absorción y nacionalización de las regiones conquistadas. Se da la universalización de la cultura romana y en particular de la lengua latina y del derecho. El principal vehículo para la romanización del mundo fueron las escuelas.
A medida que transcurre el tiempo, el Estado interviene cada vez más en la educación, y nos referimos ahora al nombramiento de los profesores. Desde la época de Marco Aurelio, se realizaba mediante un concurso público de antecedentes, medida reglamentada por Juliano el Apóstata en el 362, quien establece que ha de hacerse ante una junta de notables. Esto, siempre y cuando se tratara de cátedras con muchos aspirantes –generalmente por motivos de prestigio, o económicos–; pero a veces, la ciudad debía solicitar a Roma un profesor, sin mirar demasiado su idoneidad, que podía no ser entonces el criterio para el nombramiento, primando las influencias políticas. Pero con el avance de los días, el emperador interviene para reorganizar escuelas, realizar nombramientos, producir traslados… Juliano decreta que nadie puede ejercer la docencia a menos que sea aprobado por el consejo municipal y ratificado por el emperador, decisión vinculada con su política religiosa (quería con ello desterrar a los cristianos de las escuelas) pero que queda vigente hasta la llegada de Justiniano, que la da de baja por inútil.
En el año 425 Teodosio II organiza en Constantinopla un centro de altos estudios, cuyos profesores (tres rétores y diez gramáticos para las letras latinas, y cinco rétores y diez gramáticos para las letras griegas, un profesor de filosofía y dos de derecho) son exclusivos de dicha casa, no pudiendo dictar clases particulares. A medida que la cultura antigua se va perdiendo, en parte por el desgaste natural y en parte por el avance de los bárbaros, mayor énfasis se pone en su valoración y preservación, identificándola con la tradición literaria clásica, que adquiere contornos místicos, puesto que los últimos paganos se atrincheran en ella para hacer frente al cristianismo.
Pero hay también un motivo práctico, utilitario, para que el Estado se interese por la educación: el aparato administrativo, la burocracia, reclaman una provisión cada vez mayor de funcionarios y empleados debidamente capacitados. Y la mejor capacitación es el viejo ideal del orador, tal cual lo concibiera Isócrates primero, retomado por Cicerón y Quintiliano después: aquél que piensa bien, habla bien y obra bien: todo lo demás, será cuestión de práctica. Sin embargo, una asignatura técnica se suma a esta formación: la estenografía, sistema de notación rápida (en latín y en griego) cuyo dominio otorgó amplias posibilidades: simples funcionarios, comisarios con poderes extraordinarios en representación de la autoridad imperial, secretarios privados… hasta la Iglesia se valía de ellos para registrar los sermones en las ceremonias litúrgicas. Una segura posibilidad de empleo. Y una modalidad de la educación que ya no guarda casi paralelo con la que fuera la tradicional educación romana.

Quintiliano:

Quintiliano en su obra Instituciones oratorias recopila todo lo que concierne a la educación, desde la infancia hasta lograr el buen orador, que debe ser el hombre perfecto en moralidad y sabiduría. En su obra se encuentran las primeras observaciones sobre psicología de la infancia, los métodos, motivación, etc.

Para Quintiliano, la educación comienza en la primera infancia, en el seno de la familia. En esta educación “debe ponerse el mayor cuidado en el ambiente que rodea al niño-ayas y compañías- porque naturalmente conservamos lo que aprendemos en los primeros años como las vasijas nuevas el primer olor del licor que recibieron”. En esta primera edad, plantea que el niño debe aprender en forma de juego “para que no aborrezca el estudio el que aún no le tiene afición”.

Después el niño pasa a la escuela elemental. Defiende la escuela en general, sea pública o privada, frente a la educación doméstica, dad por el preceptor, por lo beneficios que ésta tiene desde el punto de vista del trato con otros alumnos. En el tiempo de Quintiliano, aún no se desarrollaba la escuela pública.
En la escuela elemental, “el maestro diestro encargado del niño, lo primero que todo tantea sus talentos e índole”. Esta observación psicológica que Quintiliano aplica en toda su obra, tanto respecto de los alumnos como del maestro, es su mayor aporte. Plantea, además, que en la escuela elemental, como en todo, es importante tener buenos maestros, pues “los primeros elementos en nuestros estudios son mejor tratados por los mejores maestros”. En la educación elemental, plantea que se debe alternar el trabajo con el recreo. Acepta los ejercicios físicos, pero con moderación.

Una vez que aprendió a leer y escribir, el alumno pasa a la escuela gramática, donde aprende la gramática, la redacción, la música, las matemáticas y los ejercicios orales y físicos. En el lenguaje hay que atender a la corrección, la claridad y la elegancia, ello ha de conseguirse por medio de la costumbre y la práctica principalmente. La literatura, además de un valor estético tiene un valor espiritual, ético; en este sentido se debe empezar por Homero y continuar por Virgilio.

Finalmente viene la escuela de retórica, de carácter superior y especial para la formación del orador. Ésta debe hacerse sobre la base de narraciones históricas, ejercicios dialécticos, lecturas y comentarios de clásicos, elocuencia, derecho, etc. Pero sin incluir la filosofía.

El valor de la pedagogía de Quintiliano radica en:
1º Su reconocimiento del estudio psicológico del alumno
2º Su acentuación del valor humanista, espiritual de la educación
3º Su finura con respecto a la enseñanza de las letras
4º Su reconocimiento del valor de la persona del educador.

3. LA EDUCACIÓN CRISTIANA DEL PRIMER SIGLO D.C.
Con la aparición del cristianismo cambia el rumbo de la historia occidental. En lo referente a educación, el cristianismo históricamente, significó:
1º El reconocimiento del valor del individuo como obra de la divinidad
2º La superación de los límites de la nación y el Estado, y la creación de la conciencia universal humana
3º La fundamentación de las relaciones humanas en el amor y la caridad
4º La igualdad esencial de todos los hombres, sea cual fuere su posición económica o su clase social
5º La valoración de la vida emotiva y sentimental sobre la puramente intelectual
6º La consideración de la familia como núcleo de formación personal y educativa
7º La desvalorización de la vida presente terrenal en vista del más allá, y por tanto, la subordinación de la educación a éste
8º El reconocimiento de la Iglesia como órgano de la fe cristiana y por tanto como orientadora de la educación

El cristianismo

Esta doctrina sustituye al “hombre sabio” y el “hombre práctico” por el “hombre santo”. Se basa en la caridad hacia Dios y hacia el prójimo. En el aspecto individual, cada un debe buscar su salvación y debe responsabilizarse de sus propios actos.

El cristianismo se desarrolló dentro del Imperio romano y convivió con él cerca de cinco siglos. La educación cristiana se realizó en los primeros tiempos directa y personalmente, es una educación sin escuela.

Lentamente, surge una forma propia de enseñanza , no con carácter pedagógico, sino que religioso, de preparación para la vida ultraterrena y para el bautismo que se hacía en edad adulta. Surge entonces la instrucción catequista, dada por la Iglesia misma, que en un principio fue muy elemental hasta convertirse en escuelas a cargo de sacerdotes. El contenido de esta instrucción era el catecismo, al que más tarde se le añadieron el canto y la música. En época de persecución religiosa estas escuelas funcionaban clandestinamente.

Paulatinamente, estas escuelas requirieron contar con personal docente especialmente preparado para la educación, nacen así las escuelas de catequistas, siendo la primera la Escuela de Alejandría, creada hacia 179 por Panteneus, un filósofo griego convertido. Esta escuela llegó a convertirse en el centro de la cultura religiosa y sacerdotal de su época.

Más adelante surgió la escuela episcopal, destinada a la formación de eclesiásticos, en ellas se dada una instrucción superior a los aspirantes a la Iglesia, que consistía en la enseñanza de teología y el servicio eclesiástico, la cultura humanista la recibían en las escuelas tradicionales romanas.

Después de las invasiones de los bárbaros nace la escuela parroquial o presbiteral, que era la escuela en las iglesias rurales.

Todas estas escuelas formaban eclesiásticos, la mayoría de la población quedaba sin instrucción o la recibía en las escuelas romanas, hasta que éstas desaparecieron con la invasión de los bárbaros. Entonces la enseñanza se dio en monasterios, como los únicos sostenedores de la educación y la cultura.

La educación monástica tuvo gran importancia durante la Edad Media. Surgió en Oriente entre los monjes que se retiraron al desierto y fundan los primeros monasterios. En ellos recibieron novicios a los que daban una formación ascética y moral, se les enseñaba a leer y conocer la Biblia. Tal educación, también se extendió a los monasterios de monjas, a las que se les obligaba aprender a leer, a consagrarse a la lectura y copia de manuscritos.

La didáctica de Cristo:

1.El lenguaje: Lenguaje sencillo; no escribe ensayos todo lo transmite oralmente.
2. Adaptación al auditorio: Cuando habla a los pescadores lo hace en forma distinta que cuando lo hace con los pastores o labradores, a cada estamento social les habla en su lenguaje y usa ejemplos de sus vivencias personales.
3. Ausencia de términos filosóficos: No usa abstracciones, sino un lenguaje concreto que puede llegar a todos los que le escuchan. Concreción y sencillez en el lenguaje, frases duras encaminadas a conseguir un efecto instantáneo.
4. Formas de exposición: La exposición la adapta a las circunstancias. En ocasiones emplea la poesía judía, discursos y parábolas.

El cristianismo añade a Grecia y a Roma el concepto de formación integral del hombre como tal en su relación con los demás.

El contenido educativo cristiano se estructura en torno a tres instituciones:
- La Iglesia
- La familia
- La escuela cristiana

Hacia fines del siglo II nos encontramos con una realización específicamente cristiana: la famosa Escuela de Alejandría, con sus grandes maestros: Clemente (189-204) y Orígenes (204-216), ambos dotados de una gran capacidad para lograr una síntesis entre las culturas que, finalmente, se encontraban.
Clemente de Alejandría escribió una trilogía de carácter pedagógico.
1. El Protréptico, o Exhortación a los griegos, en la que critica el politeísmo pagano, los sacrificios a los ídolos, la corrupción moral, si bien en el plano del conocimiento salva las verdades alcanzadas por algunos filósofos (principalmente Platón), como también algunas inspiraciones de los poetas. En rigor, la sabiduría griega es presentada como una propaideia de la paideia cristiana. Tras esta afirmación se encuentra presente el concepto del Logos, la Segunda Persona de la Trinidad, por Quien todo fue creado y sin Quien nada se ha hecho, Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Razón que es ley natural en la criatura, razón que es facultad cognoscitiva en el hombre: ¿puede extrañarnos que el hombre pueda conocer la verdad, esto es, la realidad, siendo una misma la Razón, el Logos presente en ambos? Pero sin el auxilio divino, sin la luz de la Revelación, el hombre conoce la verdad con gran dificultad, en medio de grandes tropiezos y muy embarazado por el error y por la duda, y con poco progreso a lo largo de mucho tiempo.
2. El Pedagogo o La formación en la moral cristiana. En la Antigüedad el pedagogo, aun siendo un esclavo, no era un mero acompañante del niño pero tampoco un maestro, sino quien lo cuidaba, lo protegía y lo formaba en su carácter y en la moralidad de sus costumbres. El Logos-Pedagogo (Cristo), “es educador, mas no un experto o un teórico; su objetivo es la mejora del alma, no la enseñanza, como guía que es de una vida virtuosa, no erudita” . El hombre, el recién bautizado, comienza una nueva vida y en ella es como un niño. El Bautismo confiere al hombre la filiación divina, que supone la semejanza con el Padre. De allí que en la imitación de Cristo –imagen perfecta del Padre, Quien se manifiesta y se hace accesible al hombre en Su Hijo– se haga realidad el mandato del Pedagogo: “Sed perfectos, como Mi Padre es perfecto”. Se trata de ser y vivir con simplicidad. Esto implica fundamentalmente prudencia, moderación, templanza, decoro en la alimentación, en el vestir, en el hablar, en el mobiliario, en el aseo, en el trato a los demás, en la conducta, directivas que contrastaban en demasía con la forma de vida del decadente Imperio Romano. Sobre este tema Clemente sobreabunda en consejos, todos ellos ilustrados con citas bíblicas y también de la cultura clásica, de la que se muestra gran conocedor.
3. Stromata o Tapices, o también Miscelánea, nos presenta al Logos-Maestro: ya no se trata de exhortar a la conversión, o de formar moralmente al recién bautizado (o al menos converso), sino de instruir, conducir al cristiano al conocimiento perfecto o Gnosis. Se establece aquí una comparación entre el conocimiento tenido por supremo en el mundo pagano –el mundo grecorromano–, esto es la filosofía o conocimiento racional, y la gnosis o conocimiento espiritual, iluminación suprema para el cristiano.




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