Niños agresivos y rebeldes



Niños agresivos y rebeldes

Conducta rebelde y agresividad: características, etiología y tratamiento

Aquí se incluyen todos los comportamiento que no parten de una dificultad primaria del niño y cuyos efectos se extienden de manera inesperada a la conducta del maestro y de los compañeros perturbando consecuentemente la marcha de la clase. Son conductas tan variadas como llamar la atención con gestos o palabras, levantarse continuamente del asiento, desobedecer reiteradamente, agredir, etc.

Tradicionalmente se ha empleado la inmovilización física y el castigo. El castigo provoca un cese rápido en la conducta rebelde, si se aplica siguiendo unas normas, pero trae consigo problemas colaterales emocionales por lo que no se aconseja su uso. Pero en todo caso si se emplea ha de ser inmediato, de suficiente intensidad pero no elevada y haciendo saber al niño por qué se le castiga y que hay conductas alternativas no penalizables.

La actitud del maestro ha de ser firme y consecuente pero no autoritaria ni agresiva. Deben evitarse las reprimendas reiteradas ya que su único efecto es crear saciedad al estímulo verbal que supone la instrucción. Si se emplean deben ser en voz baja, de forma que sólo las oiga el niño y ha de evitarse mostrar alteración emocional y las órdenes han de ser escuetas.

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Una forma peculiar de conducta rebelde es la agresión. Ésta implica ataque a otros niños, al profesor o a sí mismo. Aparece en ocasiones junto con elevados niveles de hiperactividad o impulsividad. La desaparición del comportamiento agresivo es muy difícil ya que se ve recompensado fuertemente por la reacción inmediata de las personas que lo sufren y contemplan.





Condiciones que pueden provocar las pautas agresivas.

  • Esta recompensa inmediata,
  • la abundancia de modelos agresivos en nuestra sociedad,
  • y situaciones de frustración causadas por fracasos escolares o problemas de inserción en el grupo.

Técnicas empleadas:

  • Las técnicas de supresión de comportamiento son las más eficaces a la hora de abordar el problema del niño agresivo. El retiro de atención social en este caso no es efectivo porque difícilmente los niños agredidos van a permanecer inmutables, por eso se emplean otros procedimientos como el aislamiento o privación social.
  • Otro procedimiento es el refuerzo diferencial de otras conductas, en especial las escolares y el juego en común.
  • También es útil el modelado real o simbólico de conductas alternativas adaptadas ante ciertas situaciones que pueden controlar conductas agresivas.
  • Son útiles las técnicas de autocontrol, pues en ocasiones el niño dice que no sabe por qué ataca a los demás y que no sabe controlarse. Se le enseñan estrategias cognitivas que sugieran otras alternativas de acción y retrasen la aparición de la conducta agresiva, permitiéndole un control mayor de su conducta.
  • En todo caso el programa debe recaer sobre la adquisición de conductas académicas que ha de ser debidamente recompensada.

 

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