Galileo Galilei

Galileo Galilei



Galileo Galilei, nació en 1564 en Pisa y murió en 1642; estudió medicina en Pádua y allí se le manifestó un creciente interés por la observación directa de los fenómenos. A los 19 años descubrió la isocronía de las oscilaciones del péndulo; más tarde construyó un telescopio, con el que descubrió las manchas lunares y los satélites de Júpiter. Enseñó matemáticas en las universidades de Pisa y Padua y posteriormente fue nombrado por el duque de Toscana primer matemático y filósofo.

Galileo Galilei

Galileo Galilei

Para comprender a este autor hay que tener claro que con sus teorías desplaza el geocentrismo a favor del heliocentrismo; esta última teoría –el sol como centro del universo- ya había sido afirmada por Copérnico.

Al aceptar esta teoría Galileo entra en conflicto con la iglesia, quien le condena por hereje, abjurando Galileo de sus creencias.

Hasta entonces se aceptaban las teorías de Aristóteles que dividía el mundo en dos partes:

  • sublunar:               tendencia a los lugares naturales
  • supralunar:            movimiento esférico perfecto

 

Nadie conocía la existencia del lugar natural (cualidades).

Para Galileo, cuyas teorías se oponen a las teorías peripatéticas , todo es mensurable; puede hacerse una valoración CUANTITATIVA (a diferencia de Aristóteles que hace valoraciones cualitativas).

Galileo afirma también que TODO lo físico se rige por las mismas leyes.

A continuación pasaremos a analizar más detalladamente la filosofía de este autor.



La cuestión científica de Galileo Galilei,

A poco que ahondemos en la obra de Galileo, descubrimos un gran hombre de ciencia con un horizonte de intereses amplísimo. Se dedicó a:

  • las matemáticas
  • la ingeniería
  • la astronomía teórica  y de observación
  • puso los fundamentos de la mecánica moderna (en especial el principio de la inercia)
  • construcción de instrumentos y aparatos
  • abordó cuestiones relacionadas con la teoría del conocimiento y la metodología de la investigación científica

 

Así pues, podemos estudiar a este autor desde aspectos bien diferenciados: sus trabajos científicos,  sus estudios sobre la filosofía de la ciencia, y sus estudios sobre ontología.

Trabajos científicos de Galileo Galilei

A continuación haremos un repaso de las teorías que pretendían explicar la constitución del universo:

Ptolomeo (Siglo II a.c.) recopiló, clarificó y resumió los trabajos astronómicos helenísticos, aceptando sus supuestos teóricos:

  • la esfericidad de los cielos
  • el geocentrismo y la utilización del cálculo de los epiciclos.

 

La caja de herramientas ptolemaica suministraba un completo y capaz método de resolución y predicción de problemas astronómicos que, a pesar de su complejidad, se sostenía por su exactitud. Empero, no constituía un sistema integrado; no era posible una astronomía sistemática sobre las bases de las coordenadas geocéntrica y geostáticas de Ptolomeo. Sin embargo, este sistema se impuso en el siglo XVII y su gran destructor fue Nicolás Copérnico.

El gran logro de Copérnico va a consistir justamente en la elaboración de un modelo astronómico unificado sobre la base de un cambio del punto de referencia, la teoría heliocéntrica; de tal forma que, por una parte, se organizaba el aparato matemático, y por otra, se hacía corresponder el sistema de predicción con un modelo explicativo cosmológico, en definitiva con una teoría física, un sistema del mundo.

Asimismo, Copérnico dio a la Tierra no sólo el movimiento de traslación, además le dio el movimiento de rotación diaria, e hizo que todo el sistema planetario, incluyendo a la Tierra, girara alrededor de un sol estático en su centro. A Copérnico se le pusieron una serie de objeciones ante las cuales se ofreció una serie de respuestas.

Fue Kepler quien encontró la solución adecuada al abandonar la hipótesis de las órbitas planetarias eran circulares (de esta concepción no consiguió librarse Galileo) y de que los movimientos de los planetas eran uniformes:

  • Los planetas se mueven en elipses con el sol en uno de sus focos.
  • Cada planeta se mueve, no uniformemente, sino de forma que la línea que une su centro con el sol, barre áreas iguales a tiempos iguales.

 

La tercera ley fue formulada en el año 1619:

  • Los cuadrados de los períodos de revolución de dos planetas cualesquiera, son proporcionales a los cubos de sus distancias medias al sol.

 

Con las aportaciones de Kepler quedaba una nueva dimensión para el mundo. De las leyes de Kepler se desprende que el universo es como una especie de mecanismo de relojería. Estas evoluciones científicas del renacimiento se completan con las aportaciones de Galileo.

Durante los 18 años que Galileo permanece en Padua desarrolla dos investigaciones decisivas para la física moderna:

  • pone la base de los estudios sobre mecánica
  • inventa el telescopio y desarrolla exhaustivas investigaciones que le permiten apoyar la hipótesis copernicana con detalles experimentales que le permiten refutar las seguridades tradicionales de los partidarios de la cosmología aristotélica

La eficacia del método de Galileo se ve claramente en la mecánica. La mecánica es la parte de la física que se ocupa del movimiento de los cuerpos, así como de sus causas y efectos.

Galileo determina las ecuaciones de los movimientos, se ocupó de ofrecer una ecuación para cada tipo de movimiento, de manera que pudiera ser expresado en términos matemáticos. Así el movimiento uniforme es aquel en el que el móvil recorre espacios iguales en intervalos de tiempo iguales.

Asimismo, estudió el movimiento de caída libre de los cuerpos, lo cual constituye uno de sus más grandes logros.

Otro de los importantes logros de Galileo fue la representación, aunque implícitamente, de la ley de inercia. Evidentemente Galileo dejó sin resolver algunas dificultades que serían resueltas posteriormente por Newton.

Estudios sobre la filosofía de la ciencia de Galileo Galilei

La postura de Galileo frente a la ciencia vigente en sus tiempos es bien clara y concisa: dejar libre el camino de la investigación de toda literatura libresca, de todo ese mundo aristotélico. Propugna la observación detallada y la experimentación frente a la abstracción formal, metafísica, vacía de contenidos.

Galileo va a enfocar la ciencia de un modo totalmente nuevo, ya que no busca la cualidad, ni la esencia del objeto o fenómeno, sino las proporciones numéricas y matemáticas que pudieran existir. Así, Galileo nos indica que la naturaleza es un libro en el que hay que leer y este libro está escrito en lenguaje matemático.

Ante esta concepción revolucionaria de la ciencia, el tradicional método de abstracción formal metafísica pasa a ser inservible, y entonces Galileo propugna su nuevo método, el método experimental, que es el usado actualmente por la ciencia y que comprende dos etapas:

  • En la primera se aísla mentalmente la parcela de la naturaleza que deseas estudiar y se intenta concebir una idea general de orden matemático. Galileo la llamó método resolutivo.
  • En segundo lugar se establecen una serie de experimentos sencillos que permiten comprobar la verdad de la ley matemática que la mente del investigador ha concebido; Galileo la llamó método resolutivo.

3) Estudios sobre ontología (el ser de las cosas)

 

  • Desaparece la diferencia entre cuerpos terrestres y celestes, y la jerarquía de perfección que se establecía entre ambos ámbitos. El principio  que se aplica a todos los cuerpos naturales, que, en esencia, y en cuanto móviles son, son todos iguales.
  • El movimiento circular no es ni más perfecto ni más preeminente que el rectilíneo.
  • Desaparece la determinación de “lugares naturales”, surgiendo el concepto de espacio indefinido, de espacio matemático.
  • El movimiento es anterior a la propia acción del móvil. El cuerpo sólo puede obstaculizar, resistirse a un movimiento en el que está simplemente por inercia.
  • La distancia es medida, magnitud.
  • Los movimientos no se distinguen por el modo sino por la magnitud.

A partir de ahora el rasgo fundamental de la ciencia el lo matemático.



Obras de Galileo Galilei

  • El ensayador
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  • Constituye la respuesta a ciertas explicaciones ofrecidas para intentar explicar la aparición de unos cometas en 1618.

 

  • Diálogo sobre los Sistemas del Universo
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  • En esta obra Galileo enfrenta la concepción escolástica y la copernicana. Está escrita en forma de diálogo en el que se enfrentan tres personajes:
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  • * Simplicio que representa el aristotelismo inmovilista
  • * Sagredo que es el personaje que introduce los elementos irónicos en la obra

 

  • * Salviati que es el científico puro que deja sentadas las bases para que el lector pueda formular sus juicios
  • Carta a Cristina de Lorena
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  • En esta obra se expone el tema de las relaciones entre ciencia y religión, y Galileo defiende la tesis de la imposibilidad de cualquier tipo de conflicto entre la verdadera ciencia y la correcta interpretación de la Biblia.
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  • El texto busca evitar la condena, por parte de la Iglesia Católica, del sistema copernicano, dado que esta condena pondría en peligro la libre investigación científica.
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  • Es un auténtico manifiesto en defensa de la autonomía de la ciencia que no podía estar condicionada por instancias que le eran ajenas. En definitiva, el autor trata de delimitar la frontera que separa el saber científico de la fe religiosa.



Galileo un pensador innovador

 

Galileo no fue precisamente un hombre apartado del mundo, encerrado a solas con su propio pensamiento; al contrario, su vida fue la de un luchador intelectual, que intentó desechar prejuicios milenarios, lo que le llevó de forma inevitable a chocar con las instituciones, celosas defensoras de una tradición estereotipada y encerrada en sí misma. Fue fustigador implacable de esa pereza mental que se refugiaba en el saber dogmático de la tradición escolástica y no dudó en utilizar la ironía y el sarcasmo contra aquellos que él denominaba «filósofos tiberios», que, encerrados en su mundo de papel, recurrían exclusivamente al principio de autoridad y despreciaban o huían de las investigaciones directas en el «gran libro de la naturaleza".

Las teorías de Galileo chocaron con las creencias más firmes de sus contemporáneos, poniendo en entredicho toda una concepción del mundo, sobre la que se había levantado una buena parte del edificio del saber. Pero si ese edificio se desmoronaba, con él podían hundirse y quedar sepultadas por los escombros otras muchas cosas y creencias.

Ciertamente, los logros galileanos supusieron una auténtica revolución, que destruía los cimientos mismos de la cosmovisión aristotélica, imperante en la cultura de la época. No es nada sorprendente que una visión tan perturbadora y de imprevisibles consecuencias encontrara importantes resistencias en todos los ámbitos de la sociedad de la época.

Aristóteles, todavía en la época de Galileo, era considerado como guía a seguir por todas aquellos que se dedicaban a la investigación de la naturaleza. Pocos habían osado apartarse del camino llano y seguro de la filosofía peripatética. Pues bien, Galileo lo hizo. Provisto de su telescopio, y apoyándose en reveladoras experiencias y en precisos razonamientos matemáticos expondrá la nueva estructura del universo, que derruía la vieja concepción del mismo. Los peripatéticos de la época se lanzaron a la batalla convencidos de que a ellos les bastaba con Aristóteles. Galileo, que tenía una concepción de la ciencia radicalmente distinta, les hará la más dura de las acusaciones, la de no ser verdaderos hombres de ciencia, ya que se contentaban simplemente con un «ir tirando», sin atreverse a dar un paso fuera del recinto de Aristóteles, en tanto que la verdadera ciencia debe necesariamente avanzar.

El antiguo sistema se había hecho estático y, por tanto, dogmático y estéril. La esterilidad, pensaba Galileo, no puede tener cabida en la ciencia. Por eso es esencial a todo científico tener el espíritu abierto, y poseer la suficiente curiosidad para reconocer que son infinitas las cosas de la naturaleza que aún permanecen desconocidas para el entendimiento humano.

Esta actitud exige limpiar la mente de todo tipo de prejuicios que tratan de acomodar el mundo al gusto de cada cual y atenerse a la experiencia. Así ante la objeción que le hacían algunos aristotélicos de su época de que la Luna «no podía» poseer naturaleza montañosa porque ello la privaría de la forma esférica correspondiente como forma absolutamente perfecta a los cuerpos celestes, Galileo les responde que en ciencia cuenta la experiencia, no los prejuicios, y que es inútil ir imaginando las cosas tal como quisiéramos que fuesen. Las cosas son como son, sin que nosotros podamos ponerlas o quitarlas a nuestro antojo. El preferir las propias opiniones al margen de la realidad es justamente la actitud opuesta a la que debe mantener el científico y es precisamente la acusación que Galileo dirige a los peripatéticos

Sin embargo, en descargo de todos aquellos que se opusieron a Galileo, conviene decir que no era objetivamente fácil un cambio radical de la visión clásica del mundo. Hubo, sí, dogmatismo en unos y prejuicios de todo tipo en otros, pero también dificultades objetivas que impedían una aceptación fácil y sencilla de las «novedades» del filósofo florentino. En este sentido la presentación del «caso Galileo» como una confrontación entre la ciencia empírica y el dogmatismo ciego no recoge exactamente toda la complejidad del problema, no tiene en cuenta todos los factores en juego. Hoy lo expuesto por Galileo nos parece evidente y fácil de aceptar, pero en su época las cosas no eran en absoluto tan claras y obvias. El propio Galileo era plenamente consciente de ello, al mostrar su admiración por aquellos que, en contra del testimonio de los sentidos, habían adoptado el sistema heliocéntrico.

Efectivamente, la postura de Galileo significó un auténtico cambio de rumbo en la historia de la ciencia, que no podía ser fácilmente asimilable. La revolución científica del siglo XVII, protagonizada en gran medida por Galileo, supuso una profunda transformación intelectual. Precisamente al trastocar los hábitos de pensamiento de su época y al crear en su lugar nuevos hábitos de razonamiento que alejasen a los hombres de la fe ciega en la autoridad y en la tradición, para que pensasen por sí mismos, apoyándose en la experiencia y en las demostraciones necesarias, tuvo que enfrentarse a obstáculos de todo tipo, que habrían de conducirle finalmente a su procesamiento y posterior condena.

2. El enfado de filósofos y teólogos escolásticos. Defensa de la autonomía de la ciencia de Galileo Galilei

¿Por qué se produjo la condena de Galileo? El choque final con la autoridad eclesiástica condujo al científico italiano a su procesamiento y condena. Sin embargo, el origen de ese desenlace desgraciado estuvo en el conflicto y ruptura total con la filosofía aristotélica, pero debido a la estrecha alianza existente en la época entre aristotelismo y cristianismo, el inicial conflicto con los filósofos escolásticos derivó hacia un conflicto con los teólogos.

Pero evidentemente se trataba de dos conflictos perfectamente diferenciados. El primero en comprenderlo y en exponerlo fue el propio Galileo, cuando en carta a Cristiana de Lorena afirmaba que estaban equivocados y cometían un gravísimo error aquellos filósofos que buscaban el apoyo de la autoridad bíblica en apoyo de sus tesis. Y se equivocaban doblemente:

  • su proceder no era científico al no apoyarse en argumentaciones ni demostraciones estrictamente astronómicas.
  • abusaban de la autoridad de las Sagradas Escrituras al pretender que, en las discusiones científicas, podía argumentarse a partir del texto bíblico.

 

Los conflictos con los filósofos aristotélicos comenzaron muy pronto y habían de prolongarse a lo largo de toda su vida. Sabemos que ya en el año 1597 Galileo profesaba en privado, como relata en carta a Kepler, el copernicanismo, pero no se atrevió por entonces a hacer pública su postura. Es probable que el miedo de Galileo se debiese al temor de poner en peligro su aceptable situación universitaria, ya que en aquella época se encontraba en la Universidad de Padua, donde gozaba de una considerable libertad de movimiento; pero además existía otra importante razón, y era que carecía por entonces de argumentos sólidos en favor del sistema copernicano.

Los primeros descubrimientos los dio a conocer en su Sidereus Nuncius que apareció el 12 de marzo de 1610 y que iba a suponerle entusiastas adhesiones y violentísimos ataques.

Cuando Kepler consiguió ver los satélites de Júpiter con un telescopio que el mismo Galileo había enviado al Elector de Colonia, exclamó con las últimas palabras pronunciadas por juliano el Apóstata: «Venciste Galileo».

Pero los ataques comenzaron también de inmediato, produciendo estupor y asombro en Galileo que no acertaba a comprender cómo una obra, que mostraba tan nuevos y maravillosos descubrimientos del cielo, pudiera atraer sobre sí tanta violencia y animosidad. Está fuera de toda duda que entre los aristotélicos de la época de Galileo abundaban los de una mentalidad dogmática.

Galileo buscaba convencer de la verdad de sus descubrimientos, pero poco podía hacer con aquellos que, sin tomarse siquiera la molestia de mirar a través del telescopio, negaron su validez por la sencilla razón de que las cosas que se veían contradecían las opiniones de Aristóteles. La verdad, opinaba el científico italiano, es la única guía que debe seguir el científico y, en consecuencia, el recurso al principio de autoridad como método de investigación carece de sentido. Pensar que para filosofar sea necesario apoyarse en la opinión de cualquier célebre autor, sólo puede lograr que nuestro entendimiento se convierta en siervo del entendimiento de otro hombre. Si una ciencia busca la verdad, debe conformarse con las condiciones impuestas por la naturaleza. Ante esta forma de ver las cosas, para nada servían los argumentos de autoridad.

Lo que realmente separaba a Galileo de sus adversarios peripatéticos no eran tanto los descubrimientos particulares y concretos, sino una nueva actitud ante la naturaleza, que se manifestaba en su concepción del método y de la demostración científica. La ciencia, para Galileo, no puede hacer sino avanzar y lo verdaderamente importante es el progreso de la misma y no el mantener la doctrina de algunos filósofos, lo que exige olvidarse de ese «falso respeto» que pone a los filósofos por encima de lo que dicen y fuera del alcance de la crítica. Aferrarse a toda costa a cualquier precepto de Aristóteles como si el apartarse de alguno constituyese un sacrilegio, además de ser una actitud impropia de un investigador científico, no hace más que degradar la imagen de Aristóteles, que no pudo ser como sus discípulos le imaginan.

Pero si abandonamos el sistema establecido, se preguntaban los aristotélicos, ¿qué guía tendremos? A lo que Galileo responderá que la única guía posible sólo puede venirnos de nuestros sentidos y de nuestra razón. El comprender, aunque sea un proceso lento y limitado, es el mayor don que la naturaleza ha hecho a los hombres. La naturaleza está delante de nosotros como un libro abierto, en cuya lectura obtendremos gran utilidad y gozo.

Sin embargo el enfado de los teólogos era mucho más peligroso que el de los filósofos, porque la acusación que le hicieron a Galileo a causa de su copernicanismo fue la de dañar gravemente a la fe al hacer falsas a las Sagradas Escrituras, dado que algunos pasajes bíblicos tomados literalmente se oponían a la teoría heliocéntrica. La acusación era gravísima y Galileo así lo entendió inmediatamente, viéndose obligado a hacer un alto en el camino en sus investigaciones científicas, para delimitar claramente las fronteras entre la ciencia y la fe, para salvar de esa forma la autonomía de la ciencia.

La batalla de fondo entre Galileo y los teólogos no se desarrollaba en tomo a la verdad o falsedad del sistema copernicano o ptolemaico, sino que versaba en torno a la fundamental cuestión de determinar quién podía legítimamente decidir acerca de la verdad, en lo referente a los asuntos de la naturaleza, si los científicos, a base de una rigurosa lectura del libro de la naturaleza, o los teólogos, a base de la interpretación de la Biblia.

Se trataba en definitiva de salvaguardar la libertad científica, defendiendo la existencia de un terreno propio y exclusivo, al margen de cualquier tipo de extrañas interferencias metafísicas o teológicas, para la libre discusión científica. El problema se planteaba por la existencia de determinados pasajes bíblicos que contradecían aparentemente las principales proposiciones del sistema copernicano.

¿A quién había que hacer caso? Y puesto que nadie ponía en duda la verdad del libro sagrado, ¿cómo debían de ser interpretados esos textos bíblicos? Si se hacía literalmente, entonces la condena del copernicanismo, en el caso de que éste se tomase como un sistema verdadero del universo, parecía inevitable; en caso contrario el conflicto se evitaba, pero parecía obligado proceder a una nueva interpretación de las Escrituras y el problema era delicado, pues por entonces los problemas de interpretación de la Biblia eran de suma importancia en el conflicto con los protestantes.
La discusión tuvo lugar entre los años 1612-1616 y la postura de Galileo fue muy clara y, sin duda alguna, atrevida para la época. Consistió en reivindicar para la ciencia el derecho a decidir en cuestiones físico – naturales, y en considerar como privado de todo fundamento el derecho que se atribuían los teólogos a poder determinar, negativamente al menos, la verdad desde la Biblia. La ciencia era para él un saber autónomo que no podía depender de los dictados de la teología. Lo mejor para todos era no mezclar en asuntos científicos al texto bíblico. En definitiva lo que tenían que hacer los teólogos era dejar en paz a los científicos. No opinaban así la mayoría de éstos que veían que el trono en que se sentaba «la reina de todas las ciencias» quedaba amenazado. Para defender la posibilidad de una discusión científica y sin trabas, Galileo se vio obligado a entrar en una discusión que él nunca deseó.

Finalmente, tras un oscuro proceso inquisitorial, el patricio Galileo, al cabo de su vida, pronuncia una abjuración pública y con ello, y a su pesar, renuncia a difundir la idea en que había empeñado tantos esfuerzos. Galileo abjura de propagar la teoría copernicana y es condenado a la reclusión y el silencio.









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Miércoles, 11 enero 2012