CULTURAS NATIVAS NORTEAMERICANAS
Así pues, la América que recibió a los primeros europeos estaba muy lejos de ser un páramo deshabitado. Ahora se cree que en esa época la población del hemisferio occidental era tan abundante como la del oeste de Europa, es decir, de unos 40 millones de habitantes.
Los cálculos del número de norteamericanos nativos que vivían en lo que hoy son los Estados Unidos, cuando dio principio la colonización europea, fluctúan entre 2 y 18 millones de habitantes, y la mayoría de los historiadores se inclina a favor de la cifra más baja. Lo que sí es seguro es que el efecto devastador de las enfermedades traídas de Europa sobre la población indígena se hizo sentir, de hecho, casi desde el momento del primer contacto. La viruela, en especial, acabó con comunidades enteras y, según se cree, fue una causa mucho más directa de la reducción precipitada de la población indígena en el siglo XVII, que sus múltiples guerras y escaramuzas con los colonizadores europeos.
La cultura y las costumbres indígenas de esa época tenían una extraordinaria diversidad, como era lógico esperar, en virtud de la gran expansión de la tierra que habitaban y por los muchos entornos diferentes a los que se supieron adaptar. Sin embargo es posible hacer algunas generalizaciones.
La mayoría de las tribus, sobre todo en la región boscosa del oriente y el oeste medio, combinaron actividades de caza, pastoreo y cultivo de maíz y otros productos, para obtener sus alimentos. En muchos casos, las mujeres estaban a cargo del cultivo y la distribución de los alimentos, mientras los hombres se dedicaban a la caza y a luchar en la guerra.
Desde cualquier punto de vista, la sociedad indígena de Norteamérica estaba muy atada a la tierra. Una gran identificación con la naturaleza y con los elementos era parte integral de sus creencias religiosas. La vida de los indios se orientaba básicamente al clan y a la comunidad, y los niños gozaban de más libertad y tolerancia de lo que se les habría permitido bajo las costumbres europeas de esa época.
Aun cuando algunas tribus de Norteamérica desarrollaron un sistema de jeroglíficos para conservar ciertos textos, la cultura indígena era en esencia oral, y le daba gran valor al arte de relatar cuentos y sueños. Es obvio que había un intenso intercambio entre los diversos grupos, y hay claras evidencias de que las tribus vecinas mantenían relaciones extensivas y formales, tanto amistosas como hostiles.
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