La guerra de Marruecos

Última modificación el Domingo, 14 noviembre 2010 10:55 Autor: Jordi Martes, 14 septiembre 2010 10:54

La guerra de Marruecos

La ocupación de Marruecos es necesaria encuadrarla en la época del gran colonialismo europeo y en el caso español, en la necesidad de un campo de acción para su ejército hipertrofiado de generales, jefes y oficiales. Para ello se presentaba Marruecos como un territorio fácil de conquistar, solo era necesario llega a un acuerdo con las potencias que tenían ambiciones en la zona. España conseguirá una zona, gracias a la Gran Bretaña, la cual ve la ventaja de ceder una zona a España, con la condición de no poder fortificar la costa de Melilla, esto es necesario comprenderlo diciendo simplemente que G. Bretaña, prefería la costa cercana al estrecho de Gibraltar en manos de un país débil como España, que en uno fuerte como Francia, puesto que ello haría peligrar su dominio sobre el estrecho. Francia consideró la ventaja de ceder esos terrenos a España, a cambio de un acuerdo general de reparto del mundo con G. Bretaña. Por ello se llegó a un acuerdo secreto para el reparto, pero la intervención en Marruecos del Kaiser Guillermo, dio lugar a la Conferencia de Algeciras en 1906, donde España recibió una franja de territorio que por el norte se extendía desde Mululuya y el Lucus hasta el paralelo 35º y el Atlántico, y por el sur desde el Vad Arad hasta el paralelo 37· 40º. Tánger se internacionalizó y se convirtió en centro extranjero. Un Jalifa representaría al Sultán y ejercería la autoridad nominal en Tetuán, mientras que España tendría como delegado un Alto Comisario.

Pero la ocupación de Marruecos no iba a ser tarea fácil, puesto que no solo contaría con la oposición de los habitantes de la zona, que en su mayoría no obedecían la autoridad del sultán, sino con la gran oposición de la izquierdas española, que no encontraban justificación para una guerra colonial. La guerra comienza en 1909, cuando el gobierno español comenzó a construir un ferrocarril para extraer el mineral de las Minas de Beni-Buifrur, cerca de Melilla, esto se estaba realizando sin la autorización de la Cábilas rifeñas, para lo cual se encontraban tropas españolas con la misión de proteger a los trabajadores del ferrocarril; pero el gobierno esperó al ataque y asesinato de los trabajadores y con esta excusa comenzar la guerra con Marruecos. Los rifeños se atrincheraron el monte del Gurugú, próximo a Melilla. Ante los acontecimientos Maura llamó a filas a 40.000 reservistas, lo que hizo estallar en Barcelona una semana de protesta continua. Mientras en Barranco del Lobo, el 27 de julio de 1909, perdieron la vida en una emboscada 21 jefes y oficiales y 150 soldados. Las tropas españolas, tras el desastre del Barranco del Lobo, ocuparon Nador, Zeluán y el Gurugú, pero la cuestión marroquí no se solucionó.

A partir de 1920 las cabilas rifeñas encontrarán en Abd-el-krim el líder que supo unirlas y utilizar la guerrilla como desgaste del ejército español. Existían dos comandancias, la occidental en Ceuta y la oriental en Melilla, separadas por la bahía de Alhucemas. Dámaso Berenguer, el nuevo alto comisario, conquistó el oeste de la ciudad de Xauen. En Melilla estaba el general Silvestre quien, sin contar con el Estado Mayor (el estorbo mayor, como él mismo lo llamaba) ni con Berenguer, decidió dominar Alhucemas pero sufrió una gran derrota en Annual en 1921. Las tribus de Abd-el-Krim causaron más de 12.000 bajas y se apoderaron de 14.000 fusiles, 1000 ametralladoras y 115 piezas de artillería. En pocos días se perdieron 5000 kilómetros cuadrados y la propia Melilla estuvo en peligro.

El general Berenguer comenzó a reconquistar el territorio pero fue sustituido por Burguete en 1922, quien puso en marcha una política de soborno a las cabilas. Los jóvenes que habían hecho su carrera militar durante esos años, como Millán Astray (fundador de la Legión ), Franco o Sanjurjo, se opusieron a estas actitudes. Eran la representación de los guerreros y planteaban la confrontación hasta la victoria total.

Después de Annual se exigieron responsabilidades e incluso se insinuó la del mismo rey. En agosto de 1921 se encargó al general Picasso abrir un expediente gubernativo que clarificara los hechos. Nunca llegó a verse, por el golpe de estado de Primo de Rivera.

La guerra de Marruecos finalizará bajo la dictadura de Primo de Rivera.

Implicaciones Sociopolíticas

La guerra de Marruecos se desarrolló bajo los gobiernos de principios de siglo, donde imperaban una serie de problemas políticos y sociales ya estudiados. Pero nunca fue una guerra popular sino muy al contrario fue considerada por la gran masa de la población como una guerra inútil, para satisfacer las ambiciones de los privilegiados. Cuando comenzaron los altercados en 1909, los socialistas fueron categóricos, considerando que los enemigos era el gobierno y no los marroquíes que solo defendían sus hogares. La burguesía liberal enemiga de una aventura militar, se preguntaba con que fin íbamos a Marruecos, puesto que demostró en la prensa (Leopoldo Romero) que nuestro comercio con Marruecos era ridículo. Efectivamente los ánimos estaban caldeados y estallaron en Barcelona en julio, con la negativa de los reservistas a marchar a Marruecos, ello derivó en una serie de huelgas y manifestaciones por el país, incluso el rey fue silbado en su visita a un cuartel. Ello dio lugar a la huelga general, que se extendió por parte del país y que revistió especial virulencia en Barcelona. Conocemos esta huelga con “La Semana Trágica”, puesto que los obreros tomaron las calles de Barcelona y fueron dominados por la fuerza, con un triste balance de muertos y heridos. Ante el rechazo a incorporase a filas para ir a una guerra impopular, salieron a la luz las condiciones de vida de las familias obreras que no podían desprenderse de nadie si querían mantener un nivel mínimo de salarios para alimentarse. La huelga y las protestas fueron aplastadas por la guardia y el ejercito y como nota clara de la brutalidad del gobierno tenemos la ejecución en 13 de octubre de Ferrer Guardia (fundador de la Escuela Moderna, centro de enseñanza laica y racionalista) el cual con un proceso sin garantías jurídicas y sin detenimiento fue considerado culpable de desordenes graves. Ello aisló el régimen de Alfonso XII. Las manifestaciones de protestas fueron tan grandes que hizo caer al gobierno de Maura.

A lo largo del período de Canalejas, este también se tuvo que enfrentar a las protestas por las campañas de Marruecos, aunque dio una ley quitando la posibilidad de no ir a la guerra pagando una cierta cantidad de dinero, pero creó los soldados de cuota, que por un pago en metálico reducían el servicio cinco o diez meses.

Como colofón el desastre de Annual en 1921, que implicó al propio rey fue una de las razones del golpe de Estado.

EL REINADO DE ALFONSO XIII

El reinado personal de Alfonso XIII comenzó en 1902. Este período se inicia como continuación del anterior, pero con una serie de problemas que se pueden resumir en

a) Desgaste de los dos partido que se turnan en el poder.

b) Escasa participación del país, en un juego político limpio.

c) Ambiente de pesimismo por el desastre de 1898.

Durante el reinado, se ensayaron dos sistemas regeneracionistas, uno de carácter conservador y otro liberal. El primero fue liderado por el político mallorquín Antonio Maura que cubrió el periodo de 1904 a 1909. Intentó acabar con el caciquismo y atraer a la pequeña burguesía al juego político. Fue un reformismo autoritario que respondió a la célebre frase: “ O hacemos la revolución desde arriba…. o nos la hacen desde abajo.” La política social no satisfizo las aspiraciones de la clase obrera. El régimen maurista tuvo la oposición de las izquierdas no sólo en las Cortes, sino en la calle. Las organizaciones obreras, socialistas y anarquistas, lucharon por sus intereses, llegándose a momentos de gran tensión como el de la “Semana Trágica de Barcelona”. El motivo inmediato del movimiento fue el descontento producido por el embarque de tropas destinadas a Melilla, pero en el fondo había un rechazo de la política de Maura. Los hechos provocaron la caída del gobierno de Maura.

Entre 1910 y 1914, se producía unaa segunda experiencia regeneracionista de carácter liberal, encabezada por José Canalejas. El progresismo de Canalejas intentaba recuperar parte de los principios de la revolución de 1868. Inició una política de descentralización que permitió la creación de la Mancomunitat de Cataluya bajo la presidencia de Prat de la Riba. Igualmente actuó contra el clericalismo, pero dentro de los límites del Concordato, acallando así las corrientes anticlericales, tan activas en sectores de izquierdas. Su muerte en 1912, asesinado por un anarquista, frustró la posibilidad de una regeneración del sistema y precipitó la desintegración de la monarquía parlamentaria, atacada por fuerzas dispares: burguesía, ejército y proletariado. Situación que condujo a la grave crisis de 1917.

Tensiones de 1917.

En 1917, se pusieron de manifiesto todos los graves problemas del periodo constitucional iniciado en 1876. A todo lo anteriormente dicho es necesario sumar las secuelas de la 1ª Guerra mundial, que había desencadenado en algunos Estados tendencias antiparlamentarias y revolucionarias de las que España no quedaría al margen. Los deseos de cambio en la situación política y social española fueron en aumento.

Ante la reiterada negativa del gobierno a convocar Cortes parra producir una reforma constitucional, los políticos de Cataluña tomaron la iniciativa de reunir en Barcelona (julio de 1917) una “Asamblea de Parlamentarios” de toda España, con el propósito de iniciar una reforma constitucional a fondo. En este mismo año se produjo un movimiento militar de protesta, las “Juntas Militares de Defensa” (JMD) que agrupaban a parte de la oficialidad descontenta. Las JMD se constituyeron en portavoces del ejército ante el gobierno: querían asumir el control de los ascensos y reivindicaban la mejora de sus condiciones profesionales. En el verano de 1917, la conflictividad social se puso de manifiesto en la convocatoria de huelga general, iniciada por los ferroviarios valencianos y promovida por los sindicatos UGT (Unión General de Trabajadores) y CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Junto a reivindicaciones laborales (jornada de siete horas, salario mínimo de cuatro pesetas al día, prohibición del trabajo a los menores de catorce años….) pedían la supresión de la Monarquía y la instauración de un gobierno republicano.

La coincidencia en el verano de 1917 de estos tres conflictos (la Asamblea Parlamentaria, las Juntas Militares de Defensa y la huelga general ) permite valorar la tensa situación política que vivía España: militares, sectores políticos y la clase obrera coincidían en la necesidad del cambio. Pero la violencia provocada por la huelga general llevó al ejército a ponerse del lado del gobierno. La propuesta de cambios de 1917, que parecía conducir a una reforma constitucional, fracasó. La solución a la crisis se buscó en “gobiernos de concentración”, que agrupaban a personalidades de distintas tendencias, dando entrada en el mismo a los regionalistas catalanes, acaudillados por Cambó; pero tampoco se consiguió la estabilidad política. Entre 1917 y 1923 hubo tres crisis totales de gobierno, al mismo tiempo que la conflictividad social iba en aumento y se extendía a las zonas agrarias: la huelga de los jornaleros andaluces paralizó la recogida de la cosecha durante tres años consecutivos y, de forma violenta, procedieron a la ocupación y reparto de tierras.. El triunfo de la Revolución en Rusia influyó sobre los partidos socialistas europeos; un sector del partido se escindió del PSOE, formando el Partido Comunista de España (1921).

La respuesta del gobierno a los graves conflictos sociales fue la promulgación de “la Ley de Fugas” (disparar contra los detenidos si huían), la aparición de sindicatos antirrevolucionarios y la creación de cuerpos de seguridad (contratados por particulares). Durante dos años (1921-1923) el terrorismo imperó en el país, pistoleros anarco-sindicalistas se enfrentaban a pistoleros a sueldo de la patronal sin que la policía ni el ejército interviniesen.

Un último acontecimiento vino a deteriorar aún más la situación: el desastre militar de Annual (Marruecos, 1921) en el que perdieron la vida más de 12.000 soldados españoles. Las responsabilidades del desastre alcanzaron incluso al Rey y, como respuesta a esta crítica situación, algunos sectores del ejército decidieron hacerse con el poder. El pronunciamiento militar de 1923, dirigido por el general Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, puso fin a la Constitución de 1876. El rey Alfonso XIII encargó a Primo de Rivera la formación del gobierno a espaldas del Parlamento.




Si te ha parecido interesante únete a nuestra comunidad de FACEBOOK y compartelo con tus amigos.





Articulos relacionados:


No olvides compartir La guerra de Marruecos en tus redes sociales :-)
     

Enviar comentario