Delage. Coches Delage

Última modificación el Martes, 7 julio 2009 11:25 Autor: mAKIna Viernes, 12 septiembre 2008 11:23

Delage. Coches Delage
La vida de Louis Delage, uno de los más grandes creativos del automovilismo francés, podría despertar la imaginación de cualquier guionista cinematográfico. Destacó desde sus humildes comienzos como mecánico de Peugeot; y luego llegó a realizar los más lujosos autos franceses de los años veinte y treinta, y las más sofisticadas mecánicas de competición de esa época bajo su propio nombre. Arbitro de la elegancia automovilística, consiguió levantar un emporio industrial y, sin embargo, terminó sus días en la soledad y en la miseria.
Nació en Cognac, Francia, el 22 de marzo de 1847. A los 15 años entró a trabajar como mecánico en la fábrica de automóviles Peugeot. La sólida formación que adquiría fue despertando su instinto creativo, y en 1905, cuando cumplía 31 años, abandonó aquellos talleres para fundar su propia empresa: la Societé des Automóviles Delage.
La que llegaría a ser una de las principales marcas de la historia automovilística no pudo tener unos orígenes más modestos, pues los ahorros e Louis Delage apenas llegaron para alquilar un pequeño taller en el pueblecito de Levallois y adquirir media docena de máquinas herramientas. No obstante, contaba con la importante ayuda de Agustin Legros, uno de los mejores técnicos proyectistas de Peugeot, quien le había seguido en la aventura.
El primer automóvil que llevó la marca del óvalo fue un modesto monocilindro de dos plazas. El modelo A. El motor (el más grande de los motores de esa marca) había sido adquirido en la casa De Dion-Bouton, pero el chasis, diseñado y realizado por Delage, ya denotaba unos detalles más airosos y proporcionados que los habituales en su tiempo. Quizás por eso llegaron enseguida los primeros encargos. El éxito se disparó en 1908, cuando otro Delage monocilíndrico pilotado por Guyot ganó el Grand Prix des Voiturettes que se disputo en Dieppe. Aquel motor de 100 x 150 mm de diámetro por carrera había sido preparado a conciencia, con válvulas en cabeza y cuatro bujías.
Al modelo A le continuó el B, con carácter más utilitario o económico, pues el propulsor, del mismo género, era un 5 HP de 499 cc. Después vendrían en rápida sucesión los tipos C, D, E y F, que no eran sino variaciones sobre la misma base realizadas hasta 1910. Todos con motores monocilíndricos De Dion-Bouton con 6, 8 y 9 CV y chasis de hechuras similares, entre 1,85 y 2,42 metros de batalla.
En 1908 aparecieron los modelos G y H, también con motores De Dion, pero con dos cilindros el primero y cuatro el segundo. Entre 1909 y 1910 Delage construyó varios tipos con propulsores de cuatro cilindros Ballot y Chapuis-Dornier, amén de los consabidos De Dion. Pero además, en 1909 había surgido el tipo M, que llevaba el primer motor realizado por la propia marca. Era un tetracilindro de 66 x 110 mm, 1.505 cc y 8 CV.
Ese mismo año la empresa contaba ya con más de 100 operarios, fue trasladada a una nueva factoría de mayores dimensiones situada en Courbevoie.
A partir de aquí, se puede afirmar que la estrella de Delage brilló en una cadena imparable de éxitos que duró más de dos décadas. Los triunfos deportivos aumentaron sucesivamente el prestigio de la marca, mientras sus elegantes coches de turismo ganaban el aprecio de la sociedad más refinada. La popularidad de Louis Delage llegó al cenit en los Felices Veinte, y las fiestas fastuosas se sucedían en su palacete de Château de Pecq.
.Los turismos Delage se distinguieron siempre por su fina mecánica. Rápidos, estables y silenciosos destacaron desde el principio entre toda la producción francesa. Por ejemplo, el popular DI de 4 cilindros (2 litros de cubicaje y válvulas en culata) fue un excelente coche dentro de su categoría. Los soberbios D8 (8 cilindros en línea) vestidos por los mejores carroceros como Binder, Fernandez & Darrin, Letorneur & Marchand o Labourdette, acapararon los premios de elegancia más prestigiosos y dejaron un recuerdo imborrable.
La recesión económica iniciada al principio de los años treinta, más propicia a los coches de producción masiva como Citroën y Renault, pusieron en difíciles circunstancias a Delage. Esta construía automóviles de muy superior calidad, pero bastante más costosos. Si la ascensión de la marca había sido rápida en sus orígenes, también lo fue su declive; y en 1935 se vio obligada a cerrar sus puertas. Louis Delage, prácticamente arruinado, hubo de ceder su empresa a la firma Delahaye y se retiró para siempre del mundo del automóvil. Falleció en Le Pecq doce años después, en 1947, cuando había cumplido 73 años.




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