gusano bicéfalo

Última modificación el Sábado, 4 abril 2009 10:35 Autor: Jordi Sábado, 7 febrero 2009 10:27

Un gusano bicéfalo
Por la década del ’60 apareció otra revista con el mismo tono burlón y destinada, según su director, a humorizar un poco la ciencia para quitarle ese velo de seriedad y circunspección que tan mal le quedaba. Se trataba del “Worm Runner’s Digest” (Revista del Amaestrador de Gusanos), y fundada en los EEUU por el irreverente psicólogo James V. Mc Connell.

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En el curso de sus investigaciones, Mc Connell se había interesado por el comportamiento sexual del platelminto, un gusano plano común con la cabeza en un extremo y la cola en el otro. Su indagación lo llevó a concluír que es el animal más antifreudiano que existe: a) al ser hermafrodita no experimenta la envidia del pene, pues tiene ambos sexos; y b) al poseer una misma abertura para comer y defecar, tiene confundidos sus estadios oral y anal.

Sin embargo, el interés original de Mc Connell no fueron los hábitos sexuales de este bicho imposible de acusárselo de machista o feminista, sino la posibilidad de amaestrarlos, lo que implicaba poder transmitirles cierta información para memorizar. Fue así que cierto día amaestró a un gusano y luego, presa de un ataque de sadismo, como él mísmo reconoce, lo cortó en dos pedazos. A partir de la cabeza se formó un nuevo gusano y a partir de la cola otro igual, ambos enteros con cabeza y cola, y comprobó no sólo que cada nuevo gusano recordaba lo aprendido, sino además que las colas recordaban aún mejor que las cabezas. Mc Connell concluyó que, al menos para los gusanos, perder la cabeza en realidad mejoraba la memoria.

Otro experimento consistió en agarrar un gusano -siempre desprevenidamente- y cortarle solamente la cabeza en dos mitades. Cada mitad regeneraba una cabeza entera, con lo cual se obtenía un gusano bicéfalo. Para sorpresa de Mc Connell, este gusano recordaba aún mucho mejor lo aprendido que cuando era normal, con lo cual obtuvo una segunda conclusión: para la buena memoria, es mejor tener dos cabezas en vez de una sola.

Otra experiencia, finalmente, se realizó cortando un gusano amaestrado en trocitos muy pequeños y dándoselos de comer a otros gusanos no amaestrados pero sí muy hambrientos, los cuales pronto empezaron a ‘recordar’ lo que habían aprendido. Basándonos en este experimento, podríamos llegar a una nueva conclusión: si usted quiere ser inteligente, cómase un muslito de Einstein.

Obviamente, las investigaciones de Mc Connell tenían su lado serio. Lo que en última instancia buscaba era el factor capaz de transferir la memoria, concluyendo finalmente que se trataba del ARN (ácido ribonucleico), pero la seriedad de esta preocupación no tenía porqué prescindir del lado cómico del asunto. Como en la vida, en la ciencia podemos ser responsables sin por ello perder el humor.

Urgido por su jefe de departamento, que lo conminaba a publicar o morir no importando si la investigación era mala (“total el decano no se iba a dar cuenta”), Mc Connell publicó finalmente sus conclusiones y, para su sorpresa, los únicos que se interesaron por su artículo no fueron sus ilustres colegas sino alumnos del colegio secundario, que lo atiborraron de cartas preguntándoles todo acerca del cuidado y amaestramiento de gusanos.

“Algunos de ellos -cuenta Mc Connell-, nos escribían exigiéndonos ‘de inmediato’ algunos centenares de animales ya amaestrados, pues ellos mismo no tenían tiempo para ponerse a hacerlo”, lo cual venía a demostrar que seguramente habrían de ser brillantes científicos. Entre Mc Connell y sus ayudantes terminaron armando un manual para alumnos, que finalmente se convirtió en el primer número de la Revista del Amaestrador de Gusanos. Hasta el momento en que Mc Connell rememoraba toda esta historia habían pasado ya diez años y la revista seguía saliendo con una circulación internacional (36 países) de miles de números, habiendo ya incorporado toda clase de artículos serios entremezclados con burlas, sátiras y anécdotas de todo tipo. No pocas veces algún lector desprevenido se enfrascaba en la lectura de un trabajo y por la mitad descubría que en realidad era una sátira. Hubo que imprimir los textos fraudulentos en forma invertida para evitar la confusión entre la ficción y la realidad.

Y así como hay revistas-sátira que incluyeron artículos serios, también hubieron revistas serias que incluyeron sus artículos fraudulentos para mofarse de ciertas veleidades científicas pero, fundamentalmente, para ver hasta qué punto los lectores creían o no en esos fraudes. Cuando la revista “La Recherche” cumplió un año, resolvió publicar un fraude… sin aclarar esta circunstancia.

Prepararon un artículo que relacionaba la configuración de ciertas estrellas con la nariz de un animal inventado por un biólogo francés para burlarse de los evolucionistas, que caminaba sobre su propia nariz. El artículo hasta incluía citas de periódicos inexistentes, y mucha gente lo tomó en serio… incluyendo a un famoso periodista científico de la televisión francesa que vendía libros de divulgación por millares.

También en Francia, la revista “Science et vie” hizo un experimento similar. Publicó un artículo sobre un ‘triángulo de Bouches-du-Rhone’ (un departamento del país galo) comparándolo con el famoso triángulo de las Bermudas. Se afirmaba que tal zona fue localizada en las proximidades de Marsella, mencionándose varias catástrofes ocurridas allí. No sólo mucha gente lo creyó al más puro estilo ‘La guerra de los mundos’ de Orson Welles, sino que además la revista recibió muchas cartas confirmatorias. Un lector llegó a decir que su auto había sufrido un desperfecto al entrar en el área.

“El axioma de igualdad en la teoría matemática de conjuntos es análogo al concepto homónimo de la política feminista”. Con teorías como esta, el físico norteamericano Alan Sokal puso en rídículo a una de las más prestigiosas publicaciones de estudios culturales norteamericanas: “Social Text”. La revista publicó un artículo de Sokal creyendo que se trataba de un estudio que sustentaba científicamente el análisis cultural posmoderno, cuando en realidad era un experimento del científico para poner a prueba el rigor con que se manejan los estudios culturales en los Estados Unidos. En su artículo, titulado “Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformadora de la teoría cuántica de la gravedad”, Sokal sostuvo disparates tales como que “el número pi es ahora percibido en su ineluctable historicidad”.

Si los artículos periodísticos se mantuvieran en el nivel de la mera invención, no habría problemas, pero el asunto se complica cuando en lugar de inventarse la noticia, y ante la imposibilidad de ser descubierta, se la crea. Tal lo que ocurrió en la década del ’40 en Buenos Aires: según refieren algunos memoriosos, hubo algunos periodistas que provocaban un crimen para luego disponer de algo importante para contar. Es en esta perspectiva donde puede apreciarse la trágica diferencia que hay entre descubrir, inventar y crear una noticia.




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1 Comentario

  1. Jose   |  Miércoles, 01 julio 2009 a 7:28 pm

    Muy Bueno.

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