Resultados irreproducibles
Última modificación el Sábado, 4 abril 2009 10:23 Autor: ProgramadorWeb Martes, 27 enero 2009 10:19
Resultados irreproducibles
En la opinión de Alexander Kohn, eminente biólogo israelí, una ciencia seria y sin humor sólo puede contribuír al fracaso final de la sociedad donde se desarrolló. Acuciado por esta idea, cierto día de la década del ’50 se decidió a fundar el “Journal of Irreproducible results” (Diario de Resultados Irreproducibles), una “sátira sin asomos de malignidad acerca de la pedantería, la verbosidad, la oscuridad o la estupidez pura y simple que caracterizan a algunos proyectos y publicaciones científicas”.
Si bien hubo antecedentes de este tipo de publicaciones que no prosperaron, entre ellos el “The Journal of Insignificant Research” editado por L. Van Valen e impreso totalmente en papel para toallitas faciales, el periódico de Kohn logró subsistir hasta nuestros días y hasta tuvo una amplia difusión en nuestro país, en la década del ’60. Tenía la estructura de una verdadera revista científica como “Science” o “Nature” y, como ellas, estaba dividido en varias secciones. En la primera de ellas, las conclusiones lógicas o prácticas de las ideas científicas imperfectamente comprobadas son llevadas tan lejos como sea posible.
Como ejemplo se satirizaba un artículo de Asimov sobre las propiedades y usos de la tiotimolina, curiosa sustancia que se disuelve inmediatamente ‘antes’ de agregarle agua, debiéndose esta especial cualidad a la existencia en su estructura molecular, de un átomo de carbono que asoma en la cuarta dimensión. Se comprobó que la tiotimolina tenía importantes aplicaciones en el estudio de la fuerza de voluntad de las personas: si usted sostiene un vaso con agua y quiere verterla en un recipiente que contiene tiotimolina, pero vacila, ¿se disolverá esta sustancia?
Otro ejemplo de la misma sección toma como referencia el fracaso en el lanzamiento de cohetes balísticos como el Thor, el Titán o el Atlas, para lo cual se ha buscado una explicación psicoanalítica descubriéndose que algunos de sus fracasos tenían que ver con un ‘complejo umbilical’. Antes del lanzamiento, cada cohete está unido a una especie de cordón umbilical para recibir el bombeo de combustible. El miedo al momento donde se cortará esta unión nutricia despierta en los cohetes tal ansiedad que provoca tendencias inconcientes al suicidio y los lleva hacia su autodestrucción.
Una segunda sección del Journal de Kohn trata del arte de publicar investigaciones sin haberlas hecho en realidad, y cuyos autores son científicos que viven bajo el lema ‘publicar o perecer’. Un importante artículo de esta sección presentaba la sencilla igualdad 1+1=2 bajo la elegante pero complicadísima fórmula equivalente, y también demostraba que la fórmula S ex = f (u)n no guarda relación alguna con las integrales y las exponenciales, sino que significa “sex is fun” (el sexo es divertido). También fue aprovechada la fórmula de un tal Sommer, que demostraba que la productividad P de un laboratorio depende del número de secretarias N, de su velocidad de escritura a máquina Ts, y del número de científicos adscriptos a la institución S, de modo tal que la productividad tiende al infinito cuando el número de científicos tiende a cero.
Sin embargo y aún cuando el científico no tenga la premura de publicar, otras cosas habrán de frenar el desarrollo de la ciencia, y entre ellas los problemas burocráticos. Un jefe de departamento demostró -según el Journal- que él solo disponía de alrededor de un día por año para dedicarse a la investigación una vez que descontó los feriados, el tiempo de comer, el tiempo para recibir a visitantes locales y extranjeros, para conferencias y charlas, para la revisación y redacción de artículos y para la correspondencia y el teléfono.
En 1962, todas estas sátiras y ridiculizaciones sobre el difícil arte de investigar alcanzaron suficiente difusión como para hacer un libro que llegó a publicarse en Holanda bajo el título de “Onderzoeckerskunst”.
Y hablando de palabras raras, la tercera sección del Journal está dedicada a todos aquellos científicos que viven bajo un lema que aquí podríamos enunciar como “para qué hacer las cosas fáciles cuando pueden ser difíciles”, y que están empeñados en redactar sus pensamientos en la forma más oscura e intrincada posible.
El Journal cita un ejemplo real extraído de un artículo relativo a cierta enfermedad de los árboles: “Un cambio provocado por una afección o infección o por un afectante en el infectado, es una afección de respuesta activa o pasiva. Si se opone a la infección, o a la afección, o al infectante que la ha causado, es una contrainfección activa o una contra-afección activa. Si es una contrainfección activa o contrafección activa es una defensa contra una afección activa o una infección activa, es decir, una reacción en el sentido estricto del término, tal como lo utilizan los patólogos”. Si después de esta lectura el paciente lector no queda afectado (o infectado), será porque tiene el cerebro vacío o es un genio.
Por nuestra parte hemos encontrado otro ejemplo real y auténtico, y no cesamos de admirarnos que párrafos como el que sigue hayan podido ser publicados: “Es el proceso del libro un progresivo desarrollo hacia la idea de des-enajenación -desilusión y desideologización- de sujeto concomitantemente con el quiebre del dominio de objeto que desde el cogito aristotélico-cartesiano amparado en las tesis empiristas, positivistas, racionalistas críticas alienó en forma gradual el sentido estructural de sujeto volviendo a éste un mero servidor gnoseológico y ontológico de la onticidad cuantitativa de objeto”.
Afortunadamente el autor de esto reconoce sus propias limitaciones, cuando algunos renglones más adelante aclara que “no es tarea fácil y lo sabemos tanto escritores como lectores el poder interpretador y explicitador que se ejerce sobre las ideas, ya que, frecuentemente estas son desvirtuadas, malentendidas o simplemente no comprehendidas (sic) y por ende el discurso que sobre ellas se estructura es una pura especulación vacía”.
Si estos balazos verbales existen es en parte porque muchos autores deben financiar sus propias ediciones y, después de todo, el riesgo lo corre quien aportó el capital. Hablar complicando las cosas en vez de aclararlas es lo mismo que, en el terreno de la psicoterapia, gastar tiempo y capacidad profesional en pacientes que no están enfermos en ningún sentido clínico. Esto es lo que Schofield en 1964 llamó el Síndrome de Yavis (3), acróstico formado por Y (young, joven), A (atractivo), V (verbalmente fluido), I (inteligente) y S (succesful, triunfador), y con el cual ironizaba la forma que tenían muchos psiquiatras norteamericanos jóvenes de elegir a sus pacientes: éstos debían tener las mismas cualidades que ellos (las antes indicadas), más allá de si estaban o no enfermos.
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