Coches Orix
Última modificación el Jueves, 18 febrero 2010 12:25 Autor: mAKIna Sábado, 23 enero 2010 12:23
Coches Orix
La pléyade de microcoches que surgieron durante la época del franquismo se vio penalizada por una limitada variedad técnica y una escasa fortuna comercial.

Coches Orix
La gran mayoría de ellos apenas alcanzaron la producción en serie y los que lo hicieron fue para verla cercenada por el efecto del Seat 600.
Aunque uno de los modelos más interesantes por su ambicioso diseño, y del que poco se sabe es el hoy semiolvidado Orix.
Fabricado entre 1952 y 1956, era un vehículo de 3,3 metros de largo capaz de transportar a cuatro personas y superar con holgura los 100 km/h. Podía haber competido con el pequeño 600 y sin embargo no fue esta la causa de su muerte sino una combinación entre la falta de medios financieros y el peculiar carácter del artífice del coche: Juan Ramírez Montpeó.
Mecánico vocacional y profesional, ciclista, motorista y recordman de la Rabassada durante largo tiempo, Ramírez nació en Valls (Tarragona) en 1908. Procedía por vía materna de una familia muy relacionada con la industria ciclista. A principios de siglo su abuelo, José Montpeó, fabricaba bicicletas en la calle Pallars que ganaban carreras en el campeonato de España de la especialidad; más tarde produciría también motos en sus naves de Pere IV, en el Pueblo Nuevo barcelonés, además de sidecares, accesorios y bastidores para otras marcas. Pronto se trasladaron a Barcelona, al barrio de Sants, donde el padre de Juan, Leonardo Ramírez, tomó el puesto de conserje del velódromo de la calle Sant Jordi, popularmente conocido como el Cubell de Sants (su diseño era como un barreño de reducidas proporciones). Aquí es donde la Unió Sportiva de Sants hacía de manera periódica su Gran Carrera Ciclista Internacional de 24 horas a la americana; el joven Juan le tomó afición y empezó a correr en bici con buenos resultados.
Criado en un velódromo como hogar, entre ruedas, cadenas y manillares, no podía ser de otra forma. Nuestro hombre era un técnico nato, dotado de un talento excepcional para la mecánica.
A los veinte años ya tenía su propio taller en la calle Alcolea por el que pasaban pilotos como Fernando Aranda y Alfredo Flores, y donde ponía a punto sus máquinas. Tuvo motos inglesas y americanas de gran cilindrada, compitió con una Norton International y hasta llegó a inventar un complicado sidecar articulado que permitía inclinar en los virajes. La clásica carrera a la Rabassada fue su prueba favorita y a ella acudió siempre que pudo.
También gozo de gran reputación en Barcelona como preparador de coches, al que se recurría cuando nadie sabía como solucionar algún problema realmente complicado. Por sus manos pasó un Bugatti 35, algún Nacional-Pescara e incluso uno de los célebres Ricart de competición con cuyo diseñador y fabricante, Wilfredo Ricart, mantuvo cierta amistad. Al finalizar la guerra compró, junto con su hermano Leonardo, varios coches casi desguazados para transformarlos a gasógeno y alquilarlos como taxis.
Pero no fue hasta finales de los años cuarenta cuando Juan Ramírez se decidió a construir su propio automóvil: el Orix. Este nombre es el de un ciervo africano, pequeño y de gran agilidad, virtudes que se suponen caracterizaban al vehículo. El prototipo es un biplaza descapotable dotado de un motor bóxer de clara inspiración BMW, el mismo que luego produciría en una serie limitada.
Para probarlo no tiene ninguna duda: acude a la XII Subida a la Rabassada, celebrada en diciembre de 1950, con un coche que figura inscrito como Paky, donde se clasificó primero en la clase de coches Sport de hasta 750 cc. Aquel día Juan Ramírez batió el record absoluto de la Rabassada. Está claro que era de los que no se arredraba ante nada, más bien al contrario. Durante los dos años siguientes se dedicó a perfeccionar el Orix e inicia la producción, aunque a un ritmo muy lento. En marzo de 1952 la prensa de Barcelona habla del magnifico prototipo ligero, económico y deportivo con motor popero de 600 cc y dotado de fuerte capacidad para el servicio y la performance. En 1953, año en que corren por primera vez los Pegaso, vuelve a ganar en su clase en la Rabassada. Parece que el asunto va tomando impulso. En junio de 1954 cursa solicitud para ampliar de reparación a fabricación de coches su segundo taller; sito en la calle Cáceres, también del barrio de Sants, cuando declara que estima poder construir unos cien vehículos anualmente marca Orix de 6 CV fiscales con motor de cuatro tiempos, dos cilindros de 72 mm de diámetro y 75 mm de carrera.
El Orix se produce prácticamente con cuentagotas, casi por encargo. Cuesta entre 50.000 y 60.000 pesetas, y dado que su constructor no tiene medios suficientes para costear el proceso de fabricación, es el cliente quien lo financia pagándolo, en parte o todo, por adelantado.
En 1954 sorprende la presentación en la feria de Muestras de Barcelona de una versión casi sin variaciones mecánicas, pero con una carrocería literalmente fusilada del VW Escarabajo. Se trata de un hecho bastante absurdo ya que si algo tenía el Orix original, con sus aires a lo Cisitalia, era personalidad propia, y hoy en día aun se ignora el motivo que llevó a Ramírez a realizar este modelo. Sea como fuere, la aventura del Orix (demasiado caro de fabricar a ritmo artesanal para resultar rentable) estaba condenada al fracaso. Sólo se construyeron unas 14 unidades, además de dos prototipos, todas ellas realizadas y pagadas por adelantado por los amigos de Ramírez, ya que él esperaba lanzarse a la producción industrial si recibía alguna oferta importante.
De hecho sí la recibió pero no fue de su agrado. Según explica su hija, Remei Ramírez, el ministerio de industria era conocedor desde hacía tiempo de su actividad, y desde altas instancias le ofrecieron unos óptimos terrenos en Vitoria (donde Imosa acabaría haciendo la fábrica para construir las furgonetas DKW) para hacer allí el Orix, pero parece que el hombre se negó en redondo a abandonar Barcelona. No quiso, bajo ningún concepto, considerar la posibilidad siquiera de producirlo en otro lugar que no fuera su querida ciudad y dio por zanjado el asunto en el acto. No hubo, pues, nada más que discutir. Así de tajante era este tozudo personaje…
Pese a todo, su inventiva no para. Así, a principios de los años 60 consigue de los hermanos Foix, fabricantes de estufas, financiación para desarrollar otro de sus proyectos, un embrague automático pensado para todo tipo de personas con limitaciones físicas. Acoplado con gran éxito a los Seat 600 y 850, principalmente, lo comercializa bajo el nombre de autoembrague Foix.
Más tarde idea un economizador de combustible por el que la mismísima Seat se llega a interesar. Sus últimos años, antes de morir en 1996, los pasó acudiendo muy a menudo al taller de su amigo el restaurador Francesc Palau para intentar restaurar y poner en marcha uno de los Orix supervivientes.
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Hola, puedo comentar que de niño estuve numerosas veces en el taller de la calle Cáceres donde construían los Orix, y mi padre tuvo el de matrícula B 94507. Recuerdo una concentración de los construidos que fuimos a comer a Las Franqueses.
Lo tuvimos hasta cerca de 1960.
En los años 70 tenía, el Sr. Ramírez tenía el taller primero en la calle Ecuador ceerca de Travesera, y después se trasladó a la calle Galileo esquina Evarist Arnús. Tenía un encargado llamado Fernando que se estableció en la Plaza Iberia de Sants.
Saludos.