HISTORIA DE LA ASTROLOGÍA
Última modificación el Domingo, 25 abril 2010 05:20 Autor: Astrologia y Horoscopos Domingo, 25 abril 2010 05:20
HISTORIA DE LA ASTROLOGÍA
El inicio de la astrología es casi tan antiguo como el ser humano. El viejo mundo Mesopotámico del año 8.000 a.C., el hombre vivía a cielo abierto, su espíritu estaba casi dominado por un mundo superior, lleno de fenómenos inexplicables, truenos, rayos, eclipses, etc.

HISTORIA DE LA ASTROLOGÍA
y sólo el signo de alzar la mirada y mirar hacia e cielo continuamente, hacía en cierta forma buscar con la vista la comprensión de unos hechos determinados.
La idea de mirar hacía el cielo cuando algo no comprendemos ha permanecido siempre presente en el hombre y en la actualidad prevalece en todos los momentos de nuestra vida (en momentos de tristeza, de alegría…). Es como buscar la solución de unos acontecimientos o de nuestros actos, allá en el firmamento.
Investigaciones llevadas a cabo sobre inscripciones óseas en la Edad de Hielo, por ejemplo, indican que el hombre conocía los períodos lunares hace unos 32.000 años.
En fragmentos de documentos del reinado de SARGON DE ARGADE (2870 a.C.), llamado Soberano recto y señor de las cuatro partes del mundo (rey Caldeo) muestran predicciones basadas en las posiciones del Sol, la Luna y los cinco planetas hasta luego conocidos, más una serie de datos sobre otros fenómenos, incluidos cometas y meteoritos.
LOS CALDEOS
Entre los milenio IV y III a.C., en la época sumeria – durante la cual fueron establecidos los primeros sistemas astrológicos, se concebía el Universo como una inmensa bola vacía compuesta de dos hemisferios y cuyo centro era la Tierra; por encima se hallaba el Cielo y por debajo el Infierno. Según esta interpretación del mundo, los antiguos mesopotánicos imaginaron que los dos hemisferios se unían en la línea del horizonte, dónde se fundían el Cielo y las aguas de las cuales emergía la Tierra.
Los caldeos fueron astrónomos y matemáticos importantes. Observaron que los acontecimientos del cielo seguían un mismo patrón, las estrellas se movían en el firmamento siguiendo un orden fijo, y los planetas giraban excéntricamente y casi en un mismo plano sobre el fondo estelar.
Resultó evidente que los planetas también tenían y seguían sus propias leyes , así se diseñaron las primeras efemérides o tablas de los movimientos planetarios; las más antiguas que conocemos datan de mediados del siglo VII a. C., durante el reinado de ASURBANIPAL Rey asirio.
Los caldeos, para confeccionar su sistema cosmológico, utilizaron las doce constelaciones más importantes, por las que el Sol y la Luna pasaban periódicamente y que constituyen los antepasados de nuestro zodíaco. Cada dos horas las constelaciones giran en el cielo 30º, o sea una doceava parte del total de la circunferencia. Durante siglos, toda observación astrológica permaneció ligada a la salida y ocaso de los cuerpos celestes siguiendo este patrón. Además existía otro conjunto de 12 secciones, que no guardaban relación con la anterior, denominadas casas. Fueron numeradas desde el Este hacía abajo, en dirección contraria a las agujas del reloj y simbolizaban sectores de la vida según el siguiente orden:
1ª Vida, 2ª Riqueza/Pobreza, 3ª Hermanos, 4ª Padres, 5ª Hijos, 6ª Enfermedad/Salud, 7ª Matrimonio, 8ª Muerte, 9ª Religión, 10ª Honores, 11ª Amistad, 12ª Enemistad.
Los planetas fueron descritos de acuerdo con las casas que ocupaban y las distancias angulares entre ellos, que indicaban el tipo de influencias que iban a ejercer.
La denominación de los signos zodiacales fue apareciendo debido a las observaciones caldeas del firmamento.
Los nombres que propusieron los caldeos surgieron de sus preocupaciones cotidianas, simbolizando la fusión de sus temores más inmediatos (toros, escorpiones, leones…). En un principio designaron 36 estrellas, luego eligieron las 12 constelaciones más importantes que, más tarde dieron lugar al zodíaco Occidental al inicio de la cultura griega.
La astrología babilónica no se ocupó solamente de realizar predicciones de tipo personal sino que se preocupó más bien de predecir la ocurrencia de grandes acontecimientos: guerras, inundaciones, eclipses… y los efectos que tendrían sobre el Rey que encarnaba el Estado y el bienestar general. Desde la época del rey ASURBANIPAL, a mediados del siglo VII a.C., no hubo casi cambios en la teoría astrológica, hasta que KEPLER hizo sus cálculos matemáticos de las órbitas planetarias hace 350 años.
LAS CONSTRUCCIONES MEGALÍTICAS
La importancia que el hombre primitivo dio a los movimientos del Sol, la Luna, las estrellas y los planetas se refleja en el gran número de construcciones megalíticas que se realizaron. Se ha demostrado que una de las funciones principales de estas construcciones era calcular las rotaciones planetarias anuales.
El monumento de Stonehenge, en Inglaterra, es el más interesante. Los estudios realizados demuestran que su construcción se inició hacia el 2.500 a.C., antes de la civilización micénica. Constituye una prueba extraordinaria de los logros de los hombres de la Edad de Bronce de Europa Occidental. Esta cultura aparentemente bárbara desarrolló un complicado método de calcular un calendario de gran precisión que indicaba los solsticios y predecía los eclipses. A pesar de esto no supieron plasmar sus conocimientos para la posterioridad.
La construcción de Stonehenge se verificó en tres etapas básicamente y representa una labor que según el profesor Hawkins es de 1.497.680 días de trabajo por hombre.
Como se puede observar esta civilización posee grandes astrónomos y astrólogos.
EL ANTIGUO EGIPTO
De Egipto nos han llegado mapas estelares que datan del año 4.200 a. C., con fines astrológicos y astronómicos ya que tan sólo hace unos 300 años la astrología y la astronomía eran una misma cosa, y la misión de las técnicas científicas era de poder conocer o predecir las influencias de las fuerzas cósmicas sobre la vida.
Las pirámides de Egipto aún mantienen orgullosamente su puesto entre los ancestrales observatorios astronómicos. Están orientadas hacia el polo norte del firmamento, actualmente cercano a la estrella Polar, pero entonces situado muy próximo a la estrella Tuban (Alpha Dragonis). Las pirámides tuvieron la doble función de tumbas faraónicas y observatorios astronómicos.
En la antigüedad más remota, los egipcios practicaron una forma Mística de astrología que dependía del foco religioso y económico de su civilización: El Nilo. Este caudaloso río era la fuente de toda vida; las inundaciones, que aportaban fertilidad a las regiones desérticas, eran provocadas, según se creía por la acción conjunta del Sol y Sirio, la brillante estrella que como consecuencia adquirió inusitada importancia.
En la tumba de Ramses IV, Faraón que reinó durante la vigésima dinastía (1.200 – 1.085 a.C.) aparece un interesante mapa estelar con forma de hombre sentado. Según la Doctora Margaret Murray, era posible leer en este mapa las culminaciones de las estrellas cada hora de todas las noches del año.
LA CULTURA MAYA
El tiempo y el calendario tuvieron capital importancia para la cultura maya. Poseían dos calendarios, uno con el año solar de 365 días, que regía la siembra y otros asuntos domésticos; el otro de 260 días con fines rituales. Cada uno ligado a un complejo sistema astrológico que cubría todas las facetas de la vida.
Los sacerdotes – interpretes Mayas, como los aztecas, que más tarde adoptaron el sistema Maya, sobresalieron como una poderosa jerarquía. El quinto día de que ocurriera el nacimiento de un varón los sacerdotes eran encargados de levantar el horóscopo del recién nacido y de predecir la profesión que debería desarrollar en el futuro: soldado, sacerdote, funcionario, o bien víctima para ser sacrificada en los holocaustos en honor de los dioses. Como consecuencia de esta primitiva aplicación de la teoría cósmica se produjo el efecto fatídico de que los pueblos enteros pasaron a ser dominados por una creencia totalmente irrazonable en la absoluta predestinación de las personas.
GRECIA Y ROMA
La astrología apareció relativamente tarde en Grecia. No obstante, hacía el año 250 a.C., el astrólogo babilónico Berosus impresionó al mundo clásico con sus escritos, consiguiendo fundar una escuela de astrólogos en la isla de Cos. En los cuatrocientos años siguientes los griegos adaptaron la astrología caldea a sus propias tradiciones, haciéndola cada vez más formal y complicada. divulgaron un sistema de diagnosis, hasta entonces reservado a los soberanos y diseñaron un método para calcular el destino individual basándose en el momento del nacimiento.
El primer compendio moderno de astrología, el TETRABIBLOS, se atribuye al gran astrónomo, matemático y geógrafo Claudio Ptolomeo, nacido en Alejandría. Ptolomeo, uno de los mejores intelectuales de su tiempo, trabajó entre los años 150-180 de nuestra era y sentó las influencias cósmicas básicas que constituyen el meollo de la práctica astrológica moderna.
Bajo la cultura griega y con Ptolomeo en particular, el Zodíaco se racionaliza y se crean las bases de su funcionamiento que permanecen casi inalterables.
En la Roma imperial, los astrólogos llegaron a estar muy de moda. Sin embargo, no tenían asegurado, ni mucho menos, su sustento que en la mayoría de los casos dependía del capricho de cada emperador e incluso de las preferencias momentáneas de éstos.
A Tiberio, por ejemplo, loa astrólogos le vaticinaron su "alto destino" en el momento del nacimiento por lo que siempre se hizo rodear por ellos y los protegió. Juvenal los llamaba irónicamente el "rebaño caldeo".
Claudio, por su parte, prefirió dejarse orientar por los augures y desterró a los astrólogos.
Juvenal nos muestra la posición y el prestigio social que gozó la astrología durante su época en el siguiente comentario que fue escrito hacia el año 100: "Existen algunas personas que no son capaces de aparecer públicamente en banquetes o salas de baño si no han consultado antes las efemérides". Estas palabras hablan por sí solas de la importancia que llegaron a tener en Roma las prácticas astrológicas.
En Europa la tradición clásica muere con Ptolomeo en el año 180. La astrología empieza a declinar, fundamentalmente porque por estas mismas fechas se pierde la habilidad técnica para hacer observaciones y cálculos. A la caída del Imperio Romano la astrología se corrompe, y se convierte temporalmente en superstición.
Esta situación de la astrología constituyó una de las razones por la que la Iglesia Católica la atacó con todas sus fuerzas. Y ello, a pesar de la aparición de referencias astrológicas en el Nuevo Testamento. Los Magos del Evangelio de San Lucas son uno de los muchos ejemplos.
Sin embargo, no se perdió todo, y la Iglesia Oriental conservó cierto trato con la astrología científica.
Entre los primeros padres de la Iglesia empeñados en erradicar la astrología, la figura más formidable y eficaz fue San Agustín de Hipona (354-430), que si bien aceptó la astrología en su juventud, la condenó más tarde totalmente.
La astrología, según él, era en el mejor de los casos un fraude; y si los astrólogos acertaban a veces, ello era debido a que invocaban a los espíritus diabólicos.
Es interesante comentar que la Iglesia aunque condenó la astrología públicamente, gracias a sus bibliotecas y a sus estudios secretos ayudan a que la astrología no desaparezca y pueda resurgir después con más fuerza.
LOS ÁRABES
La supervivencia de la ciencia y la filosofía clásicas se debe en gran medida, al hecho de haber sido conservadas y utilizadas por las florecientes culturas árabes del Norte de Africa y del Mediterráneo Oriental, desde el siglo VII aproximadamente.
Sobretodo en el campo de la medicina y de la astronomía, los árabes mostraron muy pronto una extraordinaria habilidad. En Bagdad y Damasco se instalaron sendos centros de estudios y el califa de Bagdad, Al-Mansur (hijo de Haran Al Rasid) creó un gran observatorio y una gran biblioteca, haciendo de esta ciudad la capital astronómica del mundo. Es más, los estudios astronómicos árabes tuvieron una importante orientación astrológica.
Los árabes definieron una nueva, aunque dudosa, forma de astrología practica que podía utilizarse en la vida cotidiana para todo tipo de adivinaciones, tales como el descubrimiento de los momentos propicios para emprender viajes, etc. Sin embargo, su énfasis sobre indicaciones "favorables" o "desfavorables", en vez de profetizar acontecimientos categóricos, iba a ser de gran ayuda para la astrología al rehabilitarse en Occidente durante el Renacimiento.
Albumansur o Abu Maaschar (805-885) fue el mejor de los astrólogos árabes. Su tratado INTRODUCTORIUM IN ASTRONOMIAM muestra una positiva influencia aristotélica. En él escribía: "Así como los movimientos de estas estrellas errantes (los siete planetas) no se interrumpen nunca, así las generaciones y alteraciones de las cosas terrenas no tienen nunca fin. Solamente observando la gran diversidad de los movimientos planetarios se pueden llegar a comprender las innumerables posibilidades de cambio en este mundo."
El INTRODUCTORIUM de Albumansur fue uno de los primeros libros cuya traducción, a través de España, llegó a Europa en la temprana Edad Media, y tuvo gran influencia en el renacimiento de la astrología y la astronomía.
LOS PRIMEROS CALENDARIOS
Quienes crearon los calendarios – relojes del mundo antiguo- observaron y midieron los ciclos del Sol y de la Luna, los movimientos repetitivos y aparentemente inmutables, que el astro rey y el satélite de la Tierra realizan alrededor del planeta.
El mes lunar, muy utilizado antiguamente, cayó en desuso en tiempo de los romanos. Con ayuda de los astrónomos egipcios de Alejandría, Julio César puso a punto el calendario Juliano el año 46 a.C., que se siguió utilizando en la Europa del Renacimiento.
César, guiándose por la rotación solar, fijó la duración del año en 365 1/4 días y decretó que cada cuatro años tendría 366 días (o sea el año bisiesto).
En la época medieval, el año estaba también dividido entre los diferentes signos. Sin embargo, los meses zodiacales no coincidían exactamente con los solares, pero situaban el equinoccio de primavera alrededor del 21 de Marzo. Los meses se consideraban como parte del año agrícola.
La agricultura supone el impulso fundamental para los primeros calendarios. Casi todas las tareas agrícolas debían realizarse secuencialmente y en la época adecuada para aprovechar al máximo las condiciones atmosféricas, las características naturales de las plantas, etc. No se siembra trigo en Junio, por ejemplo, porque no maduraría antes del invierno. Tan pronto como el hombre se hizo agricultor, sintió la necesidad de crear unas pautas regulares para sus labores. Se inspiró en los cielos fijos que veía a su alrededor: el día solar, el año solar y el mes lunar.
En un principio en Sumeria y Asiria se organizó el año en torno a las 12 revoluciones lunares -354 días- que se aproximaba a una rotación solar de 365 días. Surgieron muchas discrepancias y fue precisa alguna corrección: en Babilonia se añadió un mes más.
Los caldeos, en el siglo VIII a.C. ya dividieron el día en 12 partes iguales de 2 horas cada una, a partir de la salida del Sol.
El calendario egipcio estaba dividido en 360 días agrupados en 12 meses de 30 días cada uno. El zodíaco establecido según el aparente movimiento del Sol alrededor de la Tierra, estaba formado por un círculo perfecto de 360 grados. Cada grado del zodíaco correspondía a un día del año solar.
El calendario egipcio también hubo de ser rectificado. El año empezaba con la ascensión de la estrella Sirio, que coincidía con la inundación del Valle del Nilo. Pero este sistema se volvía confuso porque cada cuatro años Sirio aparece un día más tarde.
Los griegos introducían oficialmente tres meses adicionales cuando el ciclo lunar se desfasaba, aunque muchos individuos mantenían calendarios privados de tachuelas clavadas en tablillas, con el resultado de que, cuando para un hombre era Martes para otro era Viernes.
Los romanos fueron los primeros en afrontar el problema seriamente instituyendo el calendario juliano en el año 46 a.C., basado en la rotación solar.
LA EDAD MEDIA
En los comienzos de la Edad Media los astrólogos se enfrentaron al problema de si clasificar a la astrología como ciencia legítima o como un arte adivinatorio prohibido.
John de Salisbury (1115-1180) decidió que, por sus amplias pretensiones proféticas y su aparente negación del libre albedrío, la astrología usurpaba las prerrogativas de las propias estrellas del Creador. Se debe a San Alberto Magno (1200-1280) la separación de la astrología de sus asociaciones paganas.
Alberto fue el primero en comprender el valor teológico de la ciencia y la filosofía griega y árabe. Su gran logro fue hacer accesible este conocimiento a la civilización occidental, sobre todo las enseñanzas de Aristóteles que creía que los acontecimientos terrenales estaban gobernados por las esferas celestes.
Alberto Magno llegó a la conclusión de que aunque las estrellas no puedan influir sobre el alma humana si ejercen influencia sobre el cuerpo y la voluntad humana.
Santo Tomás de Aquino (1225-1274) quizás uno de los más grandes teólogos cristianos concretó aún más las ideas de Alberto Magno. La astrología – excluía los elementos de nigromancia - podría ser aceptada como objeto digno de estudio y además podría considerarse complemento de la visión que del Universo tiene la Iglesia.
La respetabilidad académica que gozó entonces la astrología se refleja en las nuevas universidades europeas, dónde los estudios astrológicos formaban parte del plan de estudios. La universidad de Bolonia, dónde estudiaron Dante y Petrarca, tuvo una cátedra de astrología desde 1.125. El título de astrólogo era tan importante como cualquier otro y el astrólogo era mirado con el mayor respeto.
Sin embargo a medida que transcurría la Edad Media hubo una creciente tendencia entre los astrólogos a llevar las cosas demasiado lejos. Guido Bonatti, seguramente el astrólogo más conocido del siglo XIII, que escribió un popular libro de texto, estuvo al servicio del Conde Guido de Montefeltro. Al iniciarse las campañas militares del conde, ordenaba por indicación de las estrellas, tocar la campana para que sus soldados se pusieran su armadura, de nuevo para que montaran a caballo y una tercera vez para que partieran al galope. Dante en su INFIERNO, condenó a Bonatti y a Miguel Scott a la picota.
En 1327, el profesor de astrología de Bolonia Cecco de Ascoli fue quemado en la hoguera, suministrando a la astrología uno de sus pocos mártires, aunque ello fue debido a sus ideas heréticas, no a su profesión. Al llegar al Renacimiento descendió algo la popularidad de la astrología, siendo los propios Papas quienes la protegieron.
MEDICINA Y ASTROLOGÍA
Entre la medicina y la astrología han existido siempre lazos muy estrechos. Hasta el siglo XVIII las dos ciencias estuvieron mezcladas, siendo el estudio de la astrología parte – como una asignatura más – de la formación médica y el elemento vital en el tratamiento de la enfermedad. Se levantaba un horóscopo en el momento en que el paciente caía enfermo, servía como guía para saber en que momento vendría la crisis de la enfermedad y que medicina podían recetar. Se pensaba que las partes del cuerpo estaban regidas por determinados planetas y signos, que a su vez estaban asociados a determinadas enfermedades.
Como decía Hipócrates (460 a.C.) "Un médico sin conocimientos de astrología no puede considerarse a sí mismo un médico". Era para ver hasta que punto medicina y astrología estaban unidas.
La salud personal estaba muy influida por la Carta Natal del individuo y prestando la debida atención, comiendo alimentos adecuados por ejemplo, se podían evitar ciertas enfermedades. No obstante, la astrología formó con el paso de los siglos, ciertas uniones peligrosas con pseudociencias y esto ha perjudicado su reputación.
Los principios de la medicina astrológica se encuentran expresados por primera vez en los escritos de Hermes Trimegisto, nombre que los griegos dieron al dios egipcio TOT. En estos escritos se destaca que el hombre (microcosmos) reproduce en miniatura la estructura del Universo (macrocosmos). Sostiene además, que los diferentes alimentos son específicos de los distintos decanatos, o divisiones decimales de los signos. Por ejemplo, los malestares del estómago se señalan en el primer decanato de Virgo.
El doctor y filósofo Hipócrates (nacido en el 460 a.C.) , defendió que el carácter humano era el resultado del equilibrio de cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.
Estos cuatro humores estaban relacionados en astrología con las triplicidades – los cuatro grupos de signos : de fuego, de tierra, de agua y de aire -. Sin embargo estas conexiones a veces resulta erróneas. Géminis, por ejemplo, es un signo de aire, y por lo tanto sanguíneo, pero el humos melancólico (bilis negra) está conectado con Mercurio, regente de Géminis, y la tristeza, el aburrimiento y la debilidad difícilmente forma parte de un carácter mercuriano.
Los árabes fueron los primeros en relacionar las cualidades curativas de las plantas con los signos o planetas. Se usaron varios sistemas de atribución para decidir que planeta regiría una planta, generalmente a través de las triplicidades. Por ejemplo, Marte era considerado caliente y seco, por lo tanto regiría plantas con sabor acre o picante: eléboro, tabaco o mostaza.
El Herbario Completo de Nicolas Culpeper (1.616-1.654) distribuye las plantas según sus propiedades curativas. La agrimonia es buena para los dolores de hígado, luego Júpiter rige la agrimonia .Cada planeta se convierte en "señor de un día" (Luna/Lunes, Marte/Martes…) y las hierbas recogidas en el día de su planeta, sobre todo entre la primera y la octava hora, son las más eficaces.
EL RENACIMIENTO
La astrología debe buena parte de su prosperidad, durante el Renacimiento, a la Iglesia y al apoyo que recibió de varios Papas.
Se ha dicho que una de la razones que Lutero se oponía a la astrología era por que estaba de moda en el Vaticano.
Los primeros Papas que se ocuparon de la astrología activamente fueron Sixto IV y Julio II. El sucesor de Julio II, León X, llevó un grupo de astrólogos a su corte para que le aconsejaran. Pablo III (1.468-1.549), el primer Papa de la Contrarreforma, utilizó astrólogos para fijar la hora de su consistorio. Incluso Urbano VIII (1.568-1.644), autor de una bula contra ciertos aspectos de la astrología, protegió a determinados astrólogos que le ayudaron en sus intrigas políticas y personales.
Este ejemplo fue seguido por las principales cortes europeas. Y los monarcas, Isabel I de Inglaterra se hacía aconsejar diariamente por el extraordinario Dr. DEE, y Cristian IV de Dinamarca, Segismundo II de Suecia y Federico de Bohemia empleaban astrólogos en sus cortes.
Un médico francés, Nostradamus, se convirtió en el profeta de su época, tras de predecir la muerte de Enrique II, en un torneo, cuatro años antes de que sucediera. La viuda del Rey, Catalina de Medicis, le tomó bajo su protección. Nostradamus, sin embargo, era más nigromante que astrólogo se decía que había llevado a cabo, con la reina, una sesión que duró 45 noches seguidas. En un momento dado, conjuró un espíritu para que predijese el futuro de la reina. Esta vio a sus tres hijos pasar frente a un espejo, una vez por cada año que iban a reinar. Luego su yerno, el protestante Enrique de Navarra (el futuro Enrique IV), pasó 23 veces. La reina turbada, abandonó el desagradable incidente.
En el popular CALENDARIO Y COMPUTO DE LOS PASTORES (1.493) se presentaba la astrología como la mayor influencia en la vida de los hombres; se hacían advertencias sobre la salud, el amor y el futuro. El pastor de la obra representaba la sabiduría que se adquiere por la observación del cielo, los planetas, los signos del Zodiaco y su naturaleza, que informaban sobre materias tales como "qué es bueno para hacer sangre o qué es malo o indiferente para lo mismo".
Con el auge de la letra impresa, aparecieron por toda Europa una multitud de almanaques, aunque comprarlos resultaba caro, fueron pasando de mano en mano o transmitidos a viva voz. Tenían una amplia audiencia campesina, igual que el CALENDARIO, y recordaban los momentos propicios para sembrar y cosechar, cuando bañarse, casarse o emprender un viaje. De esta forma mucha gente se enteraba de las creencias astrológicas y podía captar las alusiones al tema de dramaturgos y poetas concordantes, en el mayor de los casos, con el papel de Webster en la DUQUESA DE MALFI, que declara: "Somos tan sólo pelotas de tenis de las estrellas que nos golpean y lanzan a su antojo".
Los astrólogos del Renacimiento prestaron gran interés a los elementos místicos de su arte. Sus incursiones en la alquimia, la metoscopia, la numerología y otros campos, aumentaron el apetito del público por la revelación oculta, pero todo esto dispersó el núcleo del pensamiento astrológico.
En 1.543, Nicolás Copérnico, astrónomo polaco, publica un libro en el que razona que el Sol, no la Tierra esta situado en el centro del sistema solar (teoría Heliocéntrica).
Esta teoría heliocentrista ya era conocida por los estudiosos renacentistas, como por los matemáticos griegos, en concreto Aristarco, muchos siglos antes, pero se la consideraba sólo como una alternativa, no como una realidad. Copérnico era consciente de los peligros que entrañaba la ira de la Iglesia y no publicó su libro hasta estar en el lecho de muerte. Sus temores eran fundados, y al evidenciarse las implicaciones de su obra en los 50 años siguientes, la Iglesia demostró su hostilidad.
En 1540, el Tribunal de la Inquisición fue rebautizado como Congregación del Santo Oficio, pero sus técnicas represivas no se dulcificaron. Un seguidor de Copérnico, Giordano Bruno, fue quemado en la hoguera en 1.600 a causa de sus ideas, y en 1.663, el gran Galileo fue obligado a retractares. La Iglesia mientras toleraba las formas simbólicas y proféticas de la astrología, se sintió más profundamente amenazada por la nueva ola de astrónomos.
Las aservaciones de Copérnico no eran todas acertadas y careció de medios para probarlas. La prueba la aportaría irónicamente un astrólogo que se oponía con violencia al copernicanismo, el noble danés Tycho Brahe, la figura más excéntrica de la nueva era de la astronomía telescópica. Tycho vivió durante un periodo de transición en el que astrología y mecánica astronómica podían todavía, coexistir conjuntamente. Nació Tycho Brahe tres años después de la muerte de Copérnico; siendo en 1566 un entusiasta astrólogo que anunció un eclipse de Luna que coincidiría con la muerte del Sultán de Turquía.
En 1.573 apareció una nueva estrella tan brillante como para ser percibida a simple vista durante el día. Era, ahora lo sabemos, una Supernova, es decir un distante Sol (un "astro") que sufrió una enorme explosión y lanzó la mayoría de su material al espacio. Tycho no podía saber esto, pero comentó que la aparición de una nueva estrella destruía el dogma de que el firmamento era inmutable. También encontró un significado astrológico: "la estrella era al principio como Venus y Júpiter, produciendo efectos placenteros; pero al hacerse como Marte, vendrá un periodo de guerras, sediciones, cautiverio y muerte de príncipes y destrucción de ciudades, junto con ardientes meteoros en el aire, pestes y serpientes venenosas. Más tarde, la estrella será Saturno y vendrá finalmente, un tiempo de espanto, muerte, prisión y toda clase de desastres. La supernova hizo que Tycho se decidiera a dedicarse a la astronomía.
Kepler llegó a matemático imperial después de la muerte de Tycho en 1601; también tuvo inclinación hacia la astrología pero, a diferencia de Tycho, era partidario de Copérnico, y utilizó las exactas observaciones de Tyoho para probar que la Tierra y otros planetas giran en elipses alrededor del sol.
Los trabajos de Kepler dieron el golpe moral al sistema ptolemeico, aunque la Iglesia mantenía su oposición, y el libro de Copérnico no fue excluido del Index hasta 1835.
Pero las repercusiones para la astrología no fueron tan grandes como se podría suponer. Si bien el Sol ocupaba ahora el centro del Universo y la Tierra era tan sólo un planeta, las influencias astrológicas recibidas por los hombres seguirían siendo inmutables. Los astrólogos se dieron cuenta enseguida de que el nuevo sistema no afectaba a su arte en lo más mínimo.
Cuando en 1675, se fundó Greenwich, principal observatorio británico, se hizo cargo de su dirección el reverendo John Flasteed, primer astrónomo real. Este realizó el horóscopo del observatorio, pero terminó con estas palabras: "Risum teneatis amici" (¿No os da risa amigos?).
LOS RACIONALISTAS
En 1.675 se fundó en Greenwich el principal observatorio británico.
En 1.687, la gran obra de Isaac Newton PRINCIPIA MATHEMATICA abrió la moderna etapa de la astronomía. Dicha obra ha sido descrita como el mayor esfuerzo mental realizado por un hombre y, además de anunciar la ley de la gravedad, contiene un gran número de descubrimientos fundamentales. A pesar de que Newton prepara el terreno a los científicos materialistas actuales, adquirió, en su juventud, nociones convencionales de astrología; más tarde pasó muchas horas dedicado a experimentos de alquimia, y siempre respetó las verdades inherentes a la astrología.
De hecho las indagaciones de Newton en el mundo de las fuerzas ocultas, que determinan los acontecimientos a escala universal, no estaban completamente en desacuerdo con las presentes investigaciones de los armónicos celestes. Pero el nuevo espíritu racionalista no dudó en descartar la astrología como ciencia.
Sin embargo, los racionalistas ignoraron las contribuciones astrológicas de los hombres que deseaban reivindicar para su bando, sobre todo Copérnico y Kepler que, junto con Newton, son presentados en los libros de historia como los máximos instigadores de la muerte de la astrología. La astrología sufrió una larga decadencia, por lo menos hasta finales del siglo XIX, pero curiosamente, los hombres considerados responsables de esta caída, estuvieron en realidad, más en favor del potencial de la astrología seria que sus detractores.
Así como, hoy día, nos conmueve la visión del hombre caminando sobre la Luna, el espíritu del siglo XVIII se apasionaba por la serie de triunfos, sin precedentes, en el terreno de la observación. En un periodo relativamente corto, los astrónomos europeos desvelaron gran número de los secretos físicos del Universo.
De hecho, la unión entre la opinión pública y la científica era tal que, cuando se descubrieron dos nuevos planetas, Urano y Neptuno (en 1.781 y1.846) la atención mundial se concentro casi por completo en la pericia de los astrónomos, mientras que la astrología carecía del apoyo adecuado y sufría una decadencia que tan sólo muy recientemente ha superado. Las implicaciones a largo plazo para la cosmología en general no se vieron hasta mucho más tarde, cuando los astrólogos empezaron a comprobar los efectos de los nuevos planetas, no sólo respecto a sus implicaciones contemporáneas sino, lo que es aún más importante, determinando cómo habían afectado a hechos pasados. Este es, y ha sido siempre, el verdadero propósito de la astrología, con relación a los asuntos terrenos.
Desgraciadamente en los siglos XVIII y XIX sus metas auténticas se perdieron en un marasmo de explotación comercial.
Revistas populares de astrología del estilo de THE PROPHETIC MESSENGER Y RAPHAEL’S SANCTUARY OF THE ASTRAL ART proliferaron por todas partes, pero estuvieron lejos de ser publicaciones serias. La astrología permaneció en la mayor decadencia hasta que, a fines del siglo XIX, despertó el interés de algunos seguidores de Mme. Blavatsky, la fundadora de la Teosofía.
Blavatsky no era astróloga, pero creía en "la oculta y misteriosa influencia de los astros". Más tarde Alan Leo y sus seguidores asentaron las bases de la moderna astrología.
LA ASTROLOGÍA ACTUAL
Hoy, 250 años después de Newton, la comunidad científica ha tomado en serio a la astrología. Ahora, la defensa de la astrología está firmemente apoyada ya que ignorar la aplastante evidencia de las interrelaciones cósmicas sería acientífico.
"Lo mismo es arriba que abajo; el Macrocosmos y el Microcosmos, del átomo al Universo; de la célula al cuerpo; así todo es igual sin principio ni final".
Cuando nacemos, en el momento justo de nacer, al marcar la primera respiración; un reloj cósmico se pone en funcionamiento, este reloj se le llamará vida, con todas sus vicisitudes, y ninguna será igual, cada humano vivirá la suya, pero en conjunto todos viviremos una en general. En el momento de nacer, es como si fotografiásemos las posiciones de los astros en el cielo y tuviéramos esta fotografía por bandera, allí está grabado nuestros errores pasados, nuestra nueva misión, todo lo que nos podemos encontrar, lo que podemos hacer, y lo que no deberíamos hacer, el triunfo y el fracaso, el amor y el dolor y por fin la muerte. Pero Dios conocedor de nuestras debilidades, nos da un libre albedrío, para que podamos hacer a nuestro antojo, lo que en aquel momento queramos, dependiendo de tal o cual elección tomemos, así será nuestro sendero, aunque también el rectificar está contado. Este libre albedrío viene a ser como el actor de teatro que tiene que representar una obra y es tan buen actor que puede desempeñar cualquier papel, el Director le da la opción a elegir el papel que quiera representar, pero lógicamente dentro de esta obra, no de otra obra, esto comparándolo con la astrología sería pues, que el ser humano, puede elegir este o el otro camino, pero dentro de los caminos que tiene marcados, que serían en su conjunto toda la obra.
Los dones que traemos a la Tierra, en unos será la bondad, en otros más inteligencia, en otros poca voluntad, en otros humanidad, en otros genios, etc. Y sus posiciones planetarias así lo reflejarán.
Sabido es que la Luna y el Sol influyen en las mareas, las cosechas, la madera, etc., también en el comportamiento humano, en los partos, en los líquidos en general, en los peces, los mariscos, los movimientos sísmicos, geológicos, etc., sobre todo la Luna y también el Sol; pero el resto de los planetas y estrellas que pueblan nuestro sistema solar también.
Sabido es que el Ser Humano al igual que los vegetales tienen un elevado porcentaje de agua (en el Ser Humano del orden del 80%), elemento, el agua, fácil de recibir emisiones energéticas, y capacidad para almacenarlo, luego existen un ir y devenir de energía que su origen es cósmico producido por la emisión constante de los planetas; y esa energía se potenciará o disminuirá, dependiendo si llega o no con la misma intensidad o siendo nula dicha energía a nosotros.
Si pudiéramos medir con una fuerza semejante a la luz, o energía, la energía que tenemos al nacer, se observaría en el pasar del tiempo la razón de la Astrología. Si un Ser Humano al nacer recibe un porcentaje de energía de cada planeta, siendo dicho porcentaje, en unos planetas mayor que en otros, pero en su conjunto necesitando ese porcentaje variado para funcionar bien, en el momento que un planeta o varios por cruces de energía de entre ellos hacía nosotros, como por ejemplo ocurre con los eclipses de Sol o de Luna, entonces, en este momento se produciría un déficit que afectaría en el lugar en donde este el planeta, si se encuentra en la Casa del amor, afectará en las relaciones, si es la Casa de la salud, ésta variara, etc.. Si por el contrario, la posición de los planetas se manda un buen aspecto, eso es, potenciando su energía también se reflejará en el sector en el cual se encuentren dichos planetas, funcionando entonces ese sector mejor de lo esperado.
En el estudio de las influencias planetarias sobre nuestra Tierra y sobre el Hombre es evidente que hay que situarse desde un punto de vista geocéntrico, o sea, como si nuestra Tierra ocupará el centro del Sistema Solar. Por consiguiente, debemos observar los efectos de los diez factores celestes siguientes: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón.
A lo largo de la historia, el hombre ha tratado de interpretar los signos que, según él, podían ofrecerle una visión del futuro. Nuestra habilidad para predecir está limitada por nuestro incompleto conocimiento de como funciona el mundo y el universo y de que mecanismos estimulan la acción y la reacción humana. Recordemos la existencia del libre albedrío: el grado en que nuestros actos son producto de una decisión consciente y de como ejercitamos esta libertad de actuación.
Los astrólogos serios siempre han aceptado estas limitaciones. Predican tendencias más que acontecimientos, trabajando sobre amplios espacios de tiempo más que ofreciendo fechas específicas. Aunque luego a nivel personal de algunos astrólogos, debido a su comprensión más amplia, de dicho estudio, se reducen bastante estas limitaciones, ya que no es una ciencia estática, sino que avanza a medida que se profundiza en ellas y de este modo las limitaciones son muchas menos, y las predicciones más aceptadas, menos amplias sus fechas.
Por desgracia hay casi tantas formas deshonrosas de predicción como adivinos deshonrosos. Algunos han utilizado el nombre de la astrología para describir su trabajo. Y todo esto ha perjudicado y perjudica a los estudios serios realizados por los astrólogos serios.
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