Meteorologia Planetaria
Meteorología Planetaria
El Estudio de Otros Mundos Nos Ayudará a Entender Mejor el Nuestro.

Si hay algo que encierra continuo interés para los hombres es el tiempo meteorológico. La temperatura y las precipitaciones, las tormentas y las calmas, las inundaciones y las sequías nos afectan con carácter inmediato y a largo plazo. Lo bueno sería poder controlar el tiempo y prevenir extremos destructivos; pero en su defecto sería útil, al menos, predecirlo con precisión.
Las predicciones meteorológicas, sin embargo, siguen siendo poco certeras e inseguras incluso a corto plazo, y casi inservibles a plazo largo. A pesar de que actualmente contamos con satélites metereológicos que envían cada hora fotografías de la cubierta de nubes de la Tierra y de los movimientos de las tormentas, no estamos en condiciones de predecir con exactitud.
El problema es que la atmósfera de la Tierra es un sistema extraordinariamente complejo. En cualquier momento dado la atmósfera es calentada irregularmente por el Sol. La configuración de zonas caldeadas cambia constantemente a medida que la Tierra gira sobre su eje cada veinticuatro horas, alternando día y noche, y a medida que la Tierra rota alrededor del Sol recorriendo las estaciones del año.
Luego tenemos un amplísimo océano que, al evaporarse bajo la luz del Sol, engendra nubes, que se forman y se mueven irregularmente, complicando todo ello por la existencia de extensiones de tierra pluriformes donde la evaporación es mucho menor que sobre el mar.
Todos estos cambios imprevisibles de temperatura de un lugar a otro en configuraciones siempre cambiantes producen vientos cuya velocidad y dirección varían de forma infinitamente compleja.
Una cosa que podría ayudarnos a comprender mejor el problema sería simplificar de algún modo el sistema atmosférico: reducir la irregularidad del caldeamiento, o dilatar la rotación planetaria, o enderezar el eje, o eliminar la cubierta de nubes, o eliminar las masas de tierra irregulares, o vaciar los océanos. De este modo podríamos estudiar una configuración más regular de los movimientos del aire y de los cambios de temperatura, comprender bien la situación, añadir uno a uno los factores que complican la situación, observar las modificaciones y complejidades que introduce cada uno y llegar así, en último término, a comprender realmente la meteorología.
Pero ¿cómo simplificar la tierra? Pues utilizando otros planetas como laboratorios atmosféricos.
Los cohetes-sondas han estudiado ya cuatro planetas que poseen atmósfera: Marte, Venus, Júpiter y Saturno.
Marte gira alrededor de su eje en algo más de veinticuatro horas; pero como es un cuerpo menor que la Tierra, la superficie se mueve tan sólo a mitad de velocidad. Su calentamiento es irregular, igual que en la Tierra, y la inclinación axial es muy parecida a la de ésta; pero dado que Marte se halla más lejos del Sol, el año es dos veces más largo y los cambios estacionales son más lentos. Y como tiene muy poca agua superficial, apenas tiene cubierta de nubes. Así pues, la tenue atmósfera de Marte debe ser más simple que la terrestre.
Consideremos luego Venus. Este planeta se halla cerca del Sol, pero su cubierta de nubes y la naturaleza de su espesa atmósfera determinan una temperatura superficial bastante uniforme a lo largo y ancho de todo el planeta. Carece por completo de agua superficial, y la temperatura y la capa de nubes no varían significativamente ni con el lugar ni con el tiempo. Además, el planeta rota muy lentamente, de modo que no existe prácticamente el efecto Coriolis, que es el que ocasiona las tormentas circulares en la Tierra: huracanes, tifones y tornados.
En Cuanto a Júpiter, posee también una cubierta de nubes permanente y una temperatura superficial uniforme. Sin embargo, a diferencia de Venus, gira muy rápidamente: su ingente masa da una vuelta cada diez horas solamente. Bajo la espesa atmósfera de Júpiter parece ser que existe una superficie de hidrógeno líquido, una especie de océano planetario ininterrumpido.
Saturno se parece a Júpiter, pero sin alcanzar sus extremos. Es más pequeño, gira más despacio y es más frío. Viene a ser un mundo con todas las características de Júpiter, aunque algo simplificadas.
Hasta ahora sólo tenemos información fragmentaria acerca de las pautas de cambio atmosférico en estos cuatro planetas. No obstante, si el programa de exploración espacial prosigue, es posible que acabemos sabiendo mucho sobre cada uno de ellos. Con estos nuevos conocimientos podremos comparar lo que sucede en el caso de rotaciones rápidas, medias y lentas de atmósferas espesas y tenues, de superficies enteramente líquidas y enteramente sólidas, de calentamiento regular e irregular. Aprenderemos mucho más sobre las leyes generales que gobiernan los movimientos atmosféricos si estudiamos los cuatro planetas que si estudiamos uno sólo.
A continuación podríamos aplicar ese conocimiento a nuestro propio sistema atmosférico, que probablemente sea más complicado que cualquiera de los otros; y al comprenderlo mejor, nos convertiríamos en expertos “hombres del tiempo” en la Tierra.
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