Adiccion a los tranquilizantes
Última modificación el Viernes, 22 julio 2011 12:27 Autor: Microcaos Domingo, 22 mayo 2011 12:23
Adiccion a los tranquilizantes. El miedo, al igual que el dolor ha sido de gran valor para la supervivencia de los seres vivos, porque advierte al organismo acerca del peligro.

Adiccion a los tranquilizantes
La ansiedad es un inquietante sentimiento de inseguridad que aparece en diversas situaciones a lo largo de la vida. En algunas personas se manifiesta de forma excesiva y permanente, lo que puede producir estados de angustia emocional incapacitante. Ello origina alteraciones en el comportamiento y puede incluso conducir a una severa depresión. Esta fuerte ansiedad puede considerarse como una enfermedad, pudiendo tener un origen genético. Recibe el nombre de tranquilizantes un conjunto de sustancias que son Utilizadas para aliviar la ansiedad. Sus principales representantes son los barbitúricos y las benzodiacepinas. Todos ellos han sido producidos en el laboratorio. Los primeros que se sintetizaron fueron los barbitúricos. El hidrato de cloral fue usado como hipnótico en clínica en 1869. El barbital (veronal) lo fue en 1903, y el fenobarbital en 1912. En 1930 se sintetizaron el pentobarbital y el secobarbital, que son muy utilizados como medicamentos inductores de sueño y son los dos barbitúricos más comúnmente usados como drogas de abuso.
Su actuación parece producirse inhibiendo determinados aspectos de la actividad cerebral en los que participa el neurotransmisor GABA. Esto proporciona una base molecular para tratar de explicar los efectos seda tivos, anticonvulsivantes y relajantes de estos compuestos. Sin embargo, a dosis más altas producen una depresión de centros vitales, como por ejemplo los que regulan los reflejos cardiovasculares y respiratorios. La sobre dosis puede conducir a un estado de coma o incluso a la muerte. Las concentraciones letales de estas sustancias no se diferencian excesivamente de las utilizadas para producir sueño, por lo que son usadas por algunos suicidas.
Los barbitúricos son sedantes cuyas acciones se parecen en parte a la del alcohol, que es también considerado como un sedante. Los hay de acción rapida que se emplean para dormir y de acción lenta que se usan en el tratamiento de la ansiedad. Desde hace tiempo se sabe que son adictivos, de ahí que no se administren a los pacientes para su uso continuado sino sólo en cortos periodos de tiempo para resolver problemas concreto de agotamiento o crisis.
Su repetida administración puede dar lugar a la aparición de aturdimiento, confusión, desorientación e incluso alteraciones psicóticas. Producen rápidamente tolerancia, dado que inducen la actuación de enzimas hepaticas, que los metabolizan principalmente por oxidación a productos que son más solubles en agua, por lo que son fácilmente eliminados en la orina. Otro mecanismo de tolerancia es producido por la adaptación neuronal al suministro crónico de la droga.
Los barbitúricos desarrollan tolerancia cruzada al alcohol, a los anestésicos gaseosos y a otros agentes sedantes, entre los que se incluyen las benzodiacepinas. Producen una dependencia psicológica que se manifiesta er un «comportamiento de búsqueda de droga» que lleva a los consumidores a un peregrinaje por diferentes consultas cuando el médico que les trataba anteriormente debia de recetárselos.
La retirada abrupta del consumo de barbitúricos, tras su ingesta en dosis altas, puede producir convulsiones y delirio. Los síntomas de la abstinencia son ansiedad, inquietud, agitación, temblor, calambres musculares, naúseas y vómitos, hipotensión ortostatica, insomnio, pérdida de peso y a veces convulsiones.
Benzodiacepinas
Los compuestos mas ampliamente usados para combatir la ansiedad son las benzodiacepinas. La primera en comercializarse a finales de los cincuenta fue la 1,4 benzocliacepina-clordiazepóxido (librium). Posteriormente se han sintetizado varios cientos de derivados de las benzodiacepinas que han sido ampliamente utilizadas por sus propiedades ansiolíticas, inductoras de sueno, anticonvulsionantes y de relajantes musculares. El diazepam (valium es la sustancia mas utilizada en el mundo, después del alcohol, para combatir la ansiedad. Aunque tanto el librium como el valium alivian la ansiedad, también provocan somnolencia. Sin embargo, los pacientes se hacen tolerantes a este efecto en un plazo de pocas semanas. Las benzodiacepinas hacen desaparecer la inquietud, el miedo y los síntomas físicos asociados a la ansiedad. Los pacientes se sienten más relajados y duermen mejor. Suelen producir cansancio, aturdimiento y un profundo sentimiento de indiferencia, que puede ser minimizado al modificar la dosis utilizada. Cuando se ingieren a altas dosis se parecen a los barbitúricos en su acción desacoplante de los aspectos psicomotores y de las funciones mentales superiores. Entre sus consumidores suele producirse una depresión severa. La intoxicación débil o moderada se parece a la producida por alcohol. Las series de nuevos compuestos que están siendo sintetizados para actuar sobre el receptor de benzodiacepinas, podrían ser antagonistas clínicos en el tratamiento de la tolerancia al alcohol así como de la toxicidad producida por las benzodiacepinas.
A diferencia de lo reseñado para los barbitúricos las dosis de benzoiacepinas normalmente utilizadas no son letales. Sin embargo, estos compuestos pueden llegar a ser peligrosos dado que potencian los efectos depresivos del alcohol y de los barbitúricos. Por este motivo la combinación de estas sustancias puede ser letal, como lo demuestran los diversos casos escritos de fallecimiento tras su consumo.
Las benzodiacepinas, al igual que las demás drogas de este grupo, originan dependencia tanto física como psíquica. La física da lugar a los síntomas de la abstinencia que generalmente retrasan su aparición después de dejar de consumirlas. Esto se debe a la larga vida de sus metabolitos, que prolongan por tanto sus efectos sobre el organismo. La dependencia psíquica se parece a la producida por los barbitúricos y también conduce a la repetición de su administración, pero no de una manera tan insistente como ocurría con estos últimos. Por tanto la conducta de búsqueda de droga” es mucho más suave que la que se produce para los barbitúricos. Entre las manifestaciones más frecuentes del síndrome de abstinencia se incluyen: insomnio, ansiedad, sudoración, anorexia, nauseas, vómitos, debilidad muscular, hipotensión postural y temblores que empeoran con la ansiedad. En algunos casos aparecen convulsiones, Fiebre y psicosis. Esta psicosis no se distingue prácticamente de la que acompaña al síndrome de abstinencia al alcohol y que se conoce como delirium tremens. En cuanto a su uso como drogas de adicción, un primer grupo de consumidores los toman para combatir la ansiedad o las alteraciones del sueño. La tolerancia desarrollada por su uso diario hace que se aumenten las dosis, lo que conduce al desarrollo de dependencia física. Un segundo grupo lo forman adolescentes que los usan para obtener una intoxicación parecida a la del alcohol. Un tercer grupo los usa para contrarrestar los efectos de la cocaína o de las anfetaminas. Los efectos producidos posteriormente por los sedativos llevan de nuevo a la toma de estimulantes, con lo que el consumidor entra en un círculo en el que cada vez debe incrementar la cantidad administrada de ambos tipos de compuestos.
Finalmente, algunas personas los usan para combatir los efectos de la abstinencia a alcohol o a opiáceos. Las benzodiacepinas han sido utilizadas en el tratamiento del síndrome de abstinencia al alcohol pero, debido a la tolerancia cruzada existente entre ambas drogas, suelen necesitarse grandes dosis de estos compuestos para suprimir el síndrome.
Receptores cerebrales para las benzodiacepinas
Al igual que había ocurrido previamente con los opiáceos, se ha descrito la existencia de receptores para benzodiacepinas en el cerebro. Este hallazgo permitió un importante avance en el conocimiento del mecanismo de ac ción de las drogas hipnótico-sedativas. Estos receptores aparecen principalmente en la corteza cerebral, hipocampo y amígdala, y a más bajas concentraciones en tálamo y tronco cerebral. También se ha observado una estrecha correlación entre la afinidad de las benzodiacepinas por dicho receptor y su potencia clínica como ansiolíticos.
Ante los datos obtenidos se produjo de nuevo entre los investigadores la pregunta anteriormente planteada sobre los opiáceos: iPor qué había receptores para una sustancia exógena como las benzodiacepinas en el cerebro! iEstaban allí sin ninguna misión concreta o se unían a un neurotransmisor ya conocido o a alguna otra sustancia aún por descubrir, con el cual podría competir el fármaco exógeno por su receptor! Las benzodiacepinas actuarían sobre dichos receptores, mimetizando o antagonizando los efectos de la sustancia aún no identificada.
El estudio de la distribución en el cerebro de los receptores para benzodiacepinas permitió observar que algunos estaban concentrados en zonas del cerebro que regulan la conducta emotiva (sistema Iímbico, y sobre todo amígdala), mientras que otros lo estaban en corteza, por lo que podrían ser responsables de las acciones sedantes de estas sustancias. De todos estos datos parecía deducirse que estos receptores podrían formar parte en condiciones normales de un mecanismo natural de regulación de los estados emocionales relacionados con la ansiedad y que estarían alterados en los pacientes que sufren los síntomas de la ansiedad.
Posteriormente se vio que en cerebro estos receptores formaban parte de un complejo proteico, conocido como GABA-A, que es uno de los subtipos de receptores para el neurotransmisor GABA. Las benzodiacepinas se unen a un sitio específico de este receptor, y en presencia de GABA potencian marcadamente el efecto fisiológico mediado por este neurotransmisor. El GABA aumenta la permeabilidad de la membrana neuronal al ióncloruro, lo que permite la entrada de este ión al interior de la neurona. Como resultado se produce un incremento del potencial negativo de la membrana lo que conduce a la hiperpolarización de la neurona.
También los barbitúricos y otros compuestos ansiolíticos y anticon-vulsivantes interaccionan con los receptores GABA-A produciendo como resultado de su unión un aumento de la transmisión GABAérgica. El etanol aumenta el paso de los cloruros a través de la membrana celular, de la misma forma que lo hacen los barbitúricos. Sin embargo, existen notables diferencias entre los mecanismos moleculares de actuación de todas estas sustancias. Las benzodiacepinas ejercen sus efectos en presencia de CABA, mientras que los barbitúricos y el etanol pueden actuar directamente sin necesidad de que este neurotransmisor esté unido a su receptor. Esto podría estar relacionado con la mayor toxicidad y el aumento del número de acciones secundarias de estas dos ultimas sustancias en comparación con los efectos producidos por las benzodiacepinas.
Se conoce cómo actúan los tranquilizantes y el etanol sobre el receptor GABA-A. Como puede verse en la figura 7, este receptor contiene sitios de unión, separados entre sí pero próximos, para GABA y para benzodiacepinas. Otra subunidad tiene sitios de unión para otras drogas sedantes, como el alcohol, los barbitúricos y el meprobamato, así como para los convulsivantes. Esta subunidad sedanconvulsivante puede interaccionar con la subunidad para benrodiacepinas, lo que explica por qué los barbitúricos pueden alterar la unión del valium a sus receptores. Esto quizá pueda también explicar las interacciones letales, antes indicadas, que se producen a veces entre alcohol y barbitúricos o benzodiacepinas, así como la tolerancia cruzada que suele aparecer entre estos compuestos.
Los intentos por encontrar la sustancia endógena, que utilice estos receptores no han dado aún resultados positivos. Sin embargo, existen diversas sustancias candidatas a cumplir dicha función. El éster etílico de la betacarbolina 3-carboxilato, que ha sido aislada de orina humana, podría contribuir a la manifestación de la ansiedad en situaciones de agitación o de estrés. Dado que los ésteres de betacarbolina antagonizan la acción del GABA sobre el transportador de cloruros, su participación en el desarrollo de la ansiedad podría consistir en una disminución en la actividad GABAérgica en ciertas regiones cerebrales.
También se ha aislado una familia de péptidos que compiten con las benzodiacepinas y las betacarbolinas en su unión al receptor GABA-A. Uno de estos péptidos, que se conoce con el nombre de inhibidor de la unión del diazepam, produce acciones proconflictivas en animales, luego podría ser un generador endógeno de ansiedad. Todos estos datos sobre la actuación de estas sustancias endógenas hace pensar que el receptor GABA-A puede estar implicado en la creación de la ansiedad normal en los humanos. La alteración de la funcionalidad de este receptor o la presencia de un exceso de carbolinas, del péptido inhibidor de la unión del diazepam, o de sustancias similares pudieran dar lugar a una ansiedad anormal o estar relacionados con los síntomas que aparecen en el síndrome de abstinencia. En relación con la posible alteración del receptor GABA-A se ha visto en animales de experimentación que inmediatamente después de una situación de estrés se produce un aumento compensatorio de la sensibilidad de estos receptores. Esta alteración del «tono inhibitorio» puede servir para atenuar los componentes fisiológicos y quiza cognitivos del estres. Podría representar un mecanismo de retrorregulación homeostatico para enfrentarse al estímulo generador de miedo o de ansiedad. Quizá los pacientes ansiosos podrían tener disminuido el número o la capacidad de actuación de estos receptores, lo que justificaría su hiperemocionabilidad o hipersensibilidad ante situaciones ambientales estresantes.
Nos encontramos con que el receptor GABA-A es un firme candidato a ser el sitio de actuación de los tranquilizantes en circunstancias terapéuticas o en su uso como droga de abuso. El posterior conocimiento de cómo este receptor puede estar implicado en la aparición de la dependencia física o psíquica y en la manifestación de la abstinencia abriría la puerta a nuevas estrategias de tratamiento.
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